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Cuando una madre se despierta
se levanta y se arregla
prepara el desayuno
con todo el amor del mundo.
El niño se levanta
y su madre le dice:
“hazte la cama”
y él la mira
con mala cara.
Cariñosa le dice:
“lávate”
Y él la mira
Con mala cara.
Todos los días
lo mismo le dice
y harta está
de ver que de nada le sirve.
Y con todo esto
A una conclusión llegamos:
Quién predica en el desierto,
Pierde el sermón.
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