| Supongo que muchos aragoneses sabremos la
historia de Aragón, pero por si acaso, ahí va.
Una mañana, en el año 711, el rey Alfonso I se encontraba
en el patio del castillo, cuando una sirvienta le llamó:
-¡Majestad, majestad! Ah, por fin le encuentro. Su amigo, el duque
de Rivas, acaba de llegar para notificarle algo. Supongo que una buena
noticia.
-Muchas gracias, Martina, ahora iré a recibirle en el campo.
-Pero majestad, es que el duque se encuentra en estos momentos en sus
aposentos.
-¿Quéeee? ¿Cómo le ha dejado entrar en mis
aposentos?
-Porque él dijo que usted le dejaría.
-Bueno, vale. Muchas gracias.
Y dicho esto, el rey se alejó hacia sus aposentos un poco enfurruñado.
Al llegar allí, se encontró con su amigo el duque sentado
en la silla de su escritorio, mirando uno de sus papeles.
-Buenos días, querido rey. Espero que no le haya molestado que
haya irrumpido así, en vuestra habitación. No lo habría
hecho sin un buen motivo.
- Pues, mi buen amigo, hágamelo saber.
-Verá, es un poco difícil de explicar, pero… tiene
que… ¡tiene que crear un nuevo reino! Ya está, ya lo
he dicho.
El rey se quedó sin palabras, recapacitando lo que le acababa de
decir.
-Explíquese, por favor. ¿Qué es eso de que tengo
que crear un reino, porque usted lo diga?
-Pues, verá, mi hermana, la duquesa de Rivas, se metió en
un lío con unos nobles alemanes tras haber inventado el juego de
los bolos y haberles aplastado el pie, sin querer, con la bola y éstos,
que han sido indulgentes con lo que pasó, quedaron con ella en
que les tendría que construir un palacio para ellos a cambio de
no tomar represalias.
-¿Y qué tengo que ver yo con eso?
-Que la avisaron hace 18 meses y el plazo acaba en 3 meses. Como no había
vuelto a pensar en eso, pues no había planeado nada y hace 2 semanas
enviaron un mensajero para avisarle y no tiene nada.
-Bueno, sigo diciendo: ¿y qué tengo que ver yo con eso?
-Que, como se imaginará, no podrá hacerlo sin ayuda.
- Vale, ya lo entiendo, llamaré a mis hombres para que le ayuden.
-No, no es eso, es que, se me ha ocurrido que quizá usted, ya que
tiene tanto poder, podría hacer otra cosa. Podría crear
un nuevo reino, suyo, pero que, en parte, cuando viniesen los alemanes,
se les tratara como a los reyes.
-Pues no es mala idea, y además, luego los podríamos encarcelar
para quedarnos con el reino. Lo llamaré Aragón, y será
un gran reino.
-¡Bien dicho, majestad!
-Partiremos mañana para fijar las fronteras.
Dos semanas después, Aragón ya era un gran reino. Fue llamado
Corona de Aragón, por la cantidad de reinos conquistados bajo su
poder. Los alemanes quedaron encantados y fueron tantas veces como podían
y, a la quinta vez, el rey se hartó y los encerró. De ese
modo, el rey se quedó con Aragón y desde ese momento, Aragón
es nuestro hogar.
¿Tiene una historia curiosa, verdad? Y más tarde, se “inventaron”
los bolos. Le robaron la idea a la pobre duquesa.
|