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26 de febrero de 2010 |
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Había llegado el día tan esperado por todos los participantes de las Olimpiadas Corazonistas 2010, pero ninguno de ellos se podía imaginar la lección de compañerismo de la que iban a ser protagonistas. Tras largos y disputados partidos quedaron como finalistas La Mina y
Mundaiz. Con mucha tristeza por el esfuerzo que les había costado llegar
a la final, los jugadores de La Mina se estaban acercando a los jueces
para explicarles lo sucedido y desapuntarse, cuando alguien por detrás
gritó y se detuvieron. Al cabo de una hora tenían los voluntarios necesarios para presentarse y jugar la final como un equipo más. Para agradecer a los voluntarios por presentarse, el capitán de la Mina fue a los altavoces y les felicitó por su acto delante de todos los presentes. Después del agradecimiento empezó el partido. Fue un partido
muy reñido, sin incidentes y con mucho público de los dos
equipos. En el descanso el marcador iba empate y los dos equipos estaban
agotados y aún no había empezado lo más agotador.
Empezó el segundo tiempo y los dos equipos estaban enérgicos
y con ganas de ganar pero sabían que sólo uno podía
ganar y estaba muy difícil por los dos bandos. La noche de la entrega de los trofeos todos se habían recuperado
del cansancio y estaban con ganas de divertirse. Después de bailar,
reírse y mil cosas más, llegó el momento de la recompensa
por el esfuerzo realizado. |
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