05 de marzo de 2010
La Tapadera

Javier Marco (2º ESO)

 

 

Me había llegado hacía poco un informe de mi viejo amigo Charles Treipmann y ante el certificado que él me había enviado me sentía un auténtico panoli. Yo lo conocí el día que empezábamos el curso en 1968, Él había repetido curso y me veía obligado a hablar con él porque todos sabemos lo difícil que es integrarse en un nuevo grupo en el que todos se conocen, pero había otro nuevo en la clase proveniente de Italia, de Milán. Así que junté a los dos y comencé a hablar con ellos a la vez. Hicimos muy buenas migas, pero Fabrizio, el italiano, tenía algo que no me gustaba, quizás su pasado no había sido muy bueno.
Yo era George, nativo americano, me acerqué a ellos a hablarles porque el año pasado cuando vine nuevo nadie lo hizo conmigo, y a mí me hubiera gustado tal cosa, tenía un simple juguete con el que pasaba las horas, era mi yo-yo que había comprado en los chinos de Madrid, en la tienda de chinos más pequeña y con menos cosas de la ciudad. Al final los tres acabamos los estudios muy bien.
Me hice gran amigo de los dos, en 1998, treinta años después, en el fin de año, mi amigo Charles había sido asesinado y la policía aún no sabía quien había sido, pero yo sospechaba de Fabrizio.
Un año después fui a su casa para celebrar el fin de año de 1999. Íbamos a pasar de milenio, así que era importante.
Me senté en su sofá a esperarle mientras se vestía, bajo su cojín encontré un fichero en el que decía: NIVEL DE SEGURIDAD A-24.
Me atreví a leerlo, en el decía que era un ``caza-amigos´´, que hacía amigos para matarlos en fin de año desde 1968, el año que vino a cursar cuarto de la E.S.O. con nosotros al colegio. Decía también que huyó de Italia para no tener problemas con la policía.
Llevábamos desde entonces muchos años sin vernos, desde que acabamos el colegio, pero con la muerte de Charles Treipmann nos reunimos de nuevo.
En ese momento salió del baño y rápidamente deje el archivo en su sitio.
Nos fuimos a unos bares donde intentó hacerse con más amigos porque al parecer se le acaba el repertorio de imbéciles que caían en su trampa, yo era el último, porque si no, no estaría intentando cazar a más gente para asesinar. Tuve que mentirle, decirle que me iba al baño e ir a comprarme un arma lo suficientemente poderosa para acabar con tal persona, luego volví con la pistola en el bolsillo.
Tras una noche de ensueño aunque con miedo, la acabamos yo asustado y él con una sonrisa, me dijo que me acompañaba a casa, así que necesitaba ganar tiempo, pensé en emborracharle hasta perder el sentido. Le dije de ir a más bares y aceptó, así que después de mi suspiro que el cuestionó pues había sentido un gran alivio, nos fuimos.
Ahora sí, me acompañó a mi casa después de pillar una cogorza monumental como un palacio de grande.
Intento meter la llave en la cerradura, pero me estoy haciendo el borracho, pues solo era una tapadera por la que intentaba que su asesinato tuviera posibilidades menores o nulas de efectuarse.
Tras de mí, el sonido de la pistola al cargarse, pero yo no estoy borracho así que puedo reaccionar y coger la mía después de darme la vuelta antes de que apriete el gatillo.
(1 año antes…)
Leía y releía la carta que Charles me envió justo el día antes de morir:
Intenta que Fabrizio no mantenga contacto con un hombre de chupa negra y pelo rapado, porque es el que le busca desde Italia, siempre lleva la misma chupa, y en este momento me está siguiendo, mañana me aniquilará y pronto os cogerá a vosotros. Fabrizio es un agente especial del F.B.I. con identidad protegida, si muere, entrégale al F.B.I. el archivo del hombre está bajo su sofá bajo el cojín izquierdo exactamente, éramos muy amigos y por eso me lo contó.
(1999, Último día del año siguiente a la muerte de Charles Treipmann…)
Seguía mirando impaciente después de darme la vuelta… la imagen era un tipo con una chupa de cuero negra y Fabrizio, su víctima, puesto el desconocido lo tenía bien agarrado y claro, al recibir esa carta hace un año y ver el informe de A-24 pensé que Treipmann y Fabrizio eran ambos ``caza-amigos´´.
Ahora lo entendía todo, ellos eran amigos de verdad y no me mintieron, pero fui yo el que pensó que me iban a traicionar.
Fabrizio se saca la pistola y apunta al hombre de la chupa, a la vez que yo también y él hombre le apunta a él, aunque Fabrizio va completamente borracho, pero mantiene la pistola a escasos centímetros del hombre misterioso de negro.
Un disparo retumba, pero no es de ninguna de las tres pistolas nuestras, si no que era de una silueta que aparecía tras del hombre de la chupa diciendo:
- Esto te lo debía.
Era Charles.

 

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