Me había llegado
hacía poco un informe de mi viejo amigo Charles Treipmann y ante
el certificado que él me había enviado me sentía
un auténtico panoli. Yo lo conocí el día que empezábamos
el curso en 1968, Él había repetido curso y me veía
obligado a hablar con él porque todos sabemos lo difícil
que es integrarse en un nuevo grupo en el que todos se conocen, pero había
otro nuevo en la clase proveniente de Italia, de Milán. Así
que junté a los dos y comencé a hablar con ellos a la vez.
Hicimos muy buenas migas, pero Fabrizio, el italiano, tenía algo
que no me gustaba, quizás su pasado no había sido muy bueno.
Yo era George, nativo americano, me acerqué a ellos a hablarles
porque el año pasado cuando vine nuevo nadie lo hizo conmigo, y
a mí me hubiera gustado tal cosa, tenía un simple juguete
con el que pasaba las horas, era mi yo-yo que había comprado en
los chinos de Madrid, en la tienda de chinos más pequeña
y con menos cosas de la ciudad. Al final los tres acabamos los estudios
muy bien.
Me hice gran amigo de los dos, en 1998, treinta años después,
en el fin de año, mi amigo Charles había sido asesinado
y la policía aún no sabía quien había sido,
pero yo sospechaba de Fabrizio.
Un año después fui a su casa para celebrar el fin de año
de 1999. Íbamos a pasar de milenio, así que era importante.
Me senté en su sofá a esperarle mientras se vestía,
bajo su cojín encontré un fichero en el que decía:
NIVEL DE SEGURIDAD A-24.
Me atreví a leerlo, en el decía que era un ``caza-amigos´´,
que hacía amigos para matarlos en fin de año desde 1968,
el año que vino a cursar cuarto de la E.S.O. con nosotros al colegio.
Decía también que huyó de Italia para no tener problemas
con la policía.
Llevábamos desde entonces muchos años sin vernos, desde
que acabamos el colegio, pero con la muerte de Charles Treipmann nos reunimos
de nuevo.
En ese momento salió del baño y rápidamente deje
el archivo en su sitio.
Nos fuimos a unos bares donde intentó hacerse con más amigos
porque al parecer se le acaba el repertorio de imbéciles que caían
en su trampa, yo era el último, porque si no, no estaría
intentando cazar a más gente para asesinar. Tuve que mentirle,
decirle que me iba al baño e ir a comprarme un arma lo suficientemente
poderosa para acabar con tal persona, luego volví con la pistola
en el bolsillo.
Tras una noche de ensueño aunque con miedo, la acabamos yo asustado
y él con una sonrisa, me dijo que me acompañaba a casa,
así que necesitaba ganar tiempo, pensé en emborracharle
hasta perder el sentido. Le dije de ir a más bares y aceptó,
así que después de mi suspiro que el cuestionó pues
había sentido un gran alivio, nos fuimos.
Ahora sí, me acompañó a mi casa después de
pillar una cogorza monumental como un palacio de grande.
Intento meter la llave en la cerradura, pero me estoy haciendo el borracho,
pues solo era una tapadera por la que intentaba que su asesinato tuviera
posibilidades menores o nulas de efectuarse.
Tras de mí, el sonido de la pistola al cargarse, pero yo no estoy
borracho así que puedo reaccionar y coger la mía después
de darme la vuelta antes de que apriete el gatillo.
(1 año antes…)
Leía y releía la carta que Charles me envió justo
el día antes de morir:
Intenta que Fabrizio no mantenga contacto con un hombre de chupa negra
y pelo rapado, porque es el que le busca desde Italia, siempre lleva la
misma chupa, y en este momento me está siguiendo, mañana
me aniquilará y pronto os cogerá a vosotros. Fabrizio es
un agente especial del F.B.I. con identidad protegida, si muere, entrégale
al F.B.I. el archivo del hombre está bajo su sofá bajo el
cojín izquierdo exactamente, éramos muy amigos y por eso
me lo contó.
(1999, Último día del año siguiente a la muerte de
Charles Treipmann…)
Seguía mirando impaciente después de darme la vuelta…
la imagen era un tipo con una chupa de cuero negra y Fabrizio, su víctima,
puesto el desconocido lo tenía bien agarrado y claro, al recibir
esa carta hace un año y ver el informe de A-24 pensé que
Treipmann y Fabrizio eran ambos ``caza-amigos´´.
Ahora lo entendía todo, ellos eran amigos de verdad y no me mintieron,
pero fui yo el que pensó que me iban a traicionar.
Fabrizio se saca la pistola y apunta al hombre de la chupa, a la vez que
yo también y él hombre le apunta a él, aunque Fabrizio
va completamente borracho, pero mantiene la pistola a escasos centímetros
del hombre misterioso de negro.
Un disparo retumba, pero no es de ninguna de las tres pistolas nuestras,
si no que era de una silueta que aparecía tras del hombre de la
chupa diciendo:
- Esto te lo debía.
Era Charles.
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