![]() |
||
|
11 de marzo de 2010 |
|
|
Hubo una vez un hombre
llamado Balbino, propietario de una bodega, de la cual salía mal
vino. Para disimular su mal sabor, le echaba una pizca de queso y lo vendía
a precio de platino. Pero los compañeros no se conformaron y le hicieron prometer que
no volvería a poner queso en la bebida. Al segundo mes de la promesa,
Faustino y Celestino notaron queso en el caldo, así que planearon
venganza. Cambiaron el traicionero queso por uno rancio y se marcharon
riéndose de su hazaña. |
||
|
|
||||||||