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30 de septiembre de
2009 |
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Juancho, que ya hacía mucho tiempo que no le usaban, estaba feliz. Pero llegó un día, después de muchos años, cuando un niño llamado Pepe lo volvió a usar. Pepe, a diferencia de los demás niños, trataba con delicadeza a Juancho. Pero a pesar de ello, Juancho no quería que le usaran y hacía de las suyas. A Pepe eso le divertía porque creía que el lápiz era mágico y empezó a hablar a Juancho. Juancho seguía intentando que le dejara de usar para descansar. Cuantas más veces Juancho hacía de las suyas, más le gustaba el lápiz a Pepe. Hasta que después de mucho tiempo Juancho cedió y dejó que le usaran. Durante ese tiempo Pepe le usaba mucho, pero como se dio cuanta que siempre escribía lo que quería, creyó que ya no era mágico. Entonces Juancho se sintió triste, y un día, cuando Pepe le iba a coger, Juancho se puso de pie, él solo, y escribió en un folio: “Pepe, yo me llamo Juancho y ya ves que soy un lápiz. Tu me has enseñado que debo estar orgulloso de lo que soy y lo que debo hacer, así que me gustaría que fueses mi amigo y siempre me utilizases. Muchas gracias de tu amigo Juancho, el lápiz”. Pepe le dijo a Juancho que le encantaría que fuese su amigo y que nunca usaría a otro lápiz. Y así fue, Pepe y Juancho se hicieron muy buenos amigos y siempre estuvieron juntos. |
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