|
Dos hambrientos perros, habitaban atados a los árboles de un bosque,
lejos el uno del otro. Olvidados por sus amos, y a punto de morir de hambre
los dos, un gato pasó por delante del primer perro; éste
a su vez, loco de hambre le ladró tanto como le permitió
su voz. Como consecuencia, el gato huyó. Siguiendo su camino, el
gato se topó con el segundo perro, y echó a correr como
sus instintos le decían. Pero en el último momento se volvió
y lo miró, puesto que le extraño que éste no emitiera
ni un débil gruñido. Al comprobar que el can continuaba
mudo, nuestro felino se alejó de allí dándole vueltas
a lo ocurrido.
En los sucesivos días, volvió a pasear por el mismo bosque,
y pasando siempre por delante del primer perro, que le lanzaba ladridos
estruendosos, visitaba al perro aparentemente sin voz.
El quinto día, tras hacer su ruta diaria, el gato, sin poder contener
su curiosidad, se acercó al perro que no dejaba de asombrarle,
y a causa de su descuido, éste cazó al pobre gato sin dejarle
apenas resistirse.
El perro que logró mantener su instinto bajo control fue el único
superviviente de esta historia. Todo gracias a aquel gato ingenuo, y es
que ya se sabe: la curiosidad mató al gato.
|