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16 de octubre
de 2009 |
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Érase una neurona sin nombre porque… ¿quién le pone nombres a sus neuronas? Bueno, a lo que iba.Era una neurona que deseaba salir de ese cuerpo y estar en el de un millonario, pero las otras neuronas nunca le dejaban salir y el glóbulo rojo que le gustaba, ni le hablaba. Así que la tomó con Juan, el propietario del cuerpo. Su primera traición fue hacerle repetir curso; la segunda, ponerse a gastar todo su dinero en coches de juguete y bolsas de plástico; la tercera, crearle unos ticks humillantes, como hacer la ola o bailar el robo-cop, etc. Pasaron los años y el pobre Juan era el “rarito” del
colegio. Sus padres habían probado con psiquiatras, hipnotizadores,
a lanzarle pelotazos de fútbol… pero ya habían aceptado
lo obvio. ¡Su hijo era tonto! Y no era hereditario porque era bisnieto
de Einstein, una de las personas más inteligentes de la historia.
Este chico era de padre y madre alemanes pero él había nacido
en Australia y se había nacionalizado alemán. Era muy bueno
en los deportes. Que ¿por qué? Pues porque la neurona era
muy competitiva. |
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