16 de octubre de 2009
Cristales de chocolate

Marta Solanas (3º ESO)

 

 

Cuando nadie se esperaba lo que iba a pasar, pasó. El reino de la felicidad estaba desapareciendo y eso sólo podía significar una cosa: los cristales de chocolate (que era lo que proporcionaba la alegría) habían desaparecido y con ellos el príncipe del reino. Allí vivían nuestras cuatro amigas: Flor ( la más sensible, muy tímida pero agradable), Alegría ( como su nombre indica desprende simpatía y cualquiera que estuviese a su lado no dejaría de reírse), Alma ( una persona muy humana con las cosas muy claras) y Azabache (aunque su nombre sea de piedra su corazón es como el sol).

Aquel viernes al salir de clase iban a casa de Azabache para hacer un trabajo de tecnología cuando recibieron un misterioso mensaje que decía:

Soy el consejero real y quiero que
Os presentéis en palacio lo antes
Posible pues el rey quiere comunicaros algo
IMPORTANTÍSIMO

Las chicas se quedaron asombradas y fueron corriendo a ver qué sucedía. Cuando entraron el rey las recibió con mucha alegría y les dijo:

-Rey: como estaréis observando el reino de la felicidad está empezando a desaparecer.
-Azabache: y… ¿por qué?
-Rey: pues por la sencilla razón de que el malvado Sharker ha robado los cristales de chocolate y ha secuestrado al príncipe.
-Alegría: pero, ¿ para qué va a querer Sharker robar los cristales si sólo desprenden felicidad?
-Rey: ese es el problema. No sólo desprenden felicidad. Colocados del revés pueden tener efectos malvados.
-Flor. Debemos impedirlo.
-Rey: por eso os he llamado. Sólo quiero que recuperéis los cristales y al príncipe.
-Alma: pues no se hable más.
-Rey: chicas, ¡tened cuidado!
-Todas: lo tendremos.
-Rey: adiós y suerte.
-Todas: adiós y gracias.

Mientras las chicas se dirigían hacia la mansión de Sharker comentaban lo que podría pasar en el caso de que no pudieran recuperar los cristales y se imaginaban lo peor.

-Alma: imaginaos que no pudiéramos recuperar los cristales… el reino de la felicidad se destruiría o se congelaría para siempre con todos los habitantes.
-Alegría: no digas eso, Alma. Seguro que sólo quedará triste y se podrá alegrar con polvos de hada.
-Flor: pero sólo una de nosotras podría hacerlo y se necesita el poder de tres más.
-Azabache: no os preocupéis. Todas tenemos polvo de hada. Podemos ponernos en una esquina del reino y hacer el conjuro de la felicidad.
-Flor, Alegría y Alma: ¡tienes razón!

Las chicas llegaron a la mansión de Sharker. Era un sitio tenebroso, un castillo viejo con dos murciélagos gigantes protegiéndolo y ellas (vestidas cada una con su color de polvo de hada) debían intentar no ser descubiertas, por eso iban escondiéndose en los árboles gigantes que había.Por fin entraron en el castillo. Tenía una entrada pequeña y unas enormes escaleras de caracol, que había que subir para llegar hasta Sharker. Por el momento todo estaba muy tranquilo… hasta que llegaron al final de las escaleras. Había una habitación con la puerta entreabierta por la que se veía al príncipe atado a una silla y a Sharker intentando darle la vuelta a los cristales de chocolate. Entonces Alma se dirigió a Alegría y Azabache:

-Alma: entrad vosotras y nosotras nos quedamos aquí por si pasa algo.
-Azabache: está bien.

Cuando entraron vieron a una chica morena a la que Sharker estaba obligando a dar vuelta a los cristales. Azabache y Alma desataron al príncipe y le enviaron con Flor y Alma fuera de la mansión.
-Alegría: ¡corre! Flor y Alma te ayudarán.

El príncipe corrió hacia la puerta lo más rápido que pudo.
-Flor: Ven, te sacaré de aquí.
-Príncipe: de acuerdo.

Mientras tanto, Azabache y Alegría seguían dentro. Su misión ahora era salvar a la chica que era una compañera suya de clase, Sahara. Tenían que salvarla sin que Sharker las viera y eso no pudía ser, así que Alegría tuvo una idea mejor, y gritó:
-¡Corre, Sahara, corre!
La chica le hizo caso y salió corriendo. Allí le esperaba Alma que le acompañaría hasta donde estaba Flor.

-Alma: ¡Corre, ven!

Cuando llegaron con Flor, Alma le dijo:
- Flor, protege a los dos que voy a ayudarlas.
-Flor: está bien.
Alma subió todo lo rápido que pudo. Cuando llegó arriba Alegría y Azabache estaban intentando distraer a Sharker.

-Alma: no tan rápido Sharker.
-Sharker: ¿quién me va a detener?¿ unas pardillas como vosotras?
-Azabache: tal vez… además sólo queremos los cristales.
-Sharker: ¡nunca!… ¡jamás!….
-Alegría: no hagas eso, no coloques así los cristales.

De repente, todo empezó a temblar.
-Azabache: ¿Qué sucede?

Las chicas salieron corriendo y fueron hacia Flor mientras en el castillo se oía la risa malvada de Sharker.
-Flor: ¡corred, se va a derrumbar!

Las chicas corrieron todo lo deprisa que pudieron hasta estar bien lejos de la mansión. A lo lejos se veía la mansión Sharker hecha escombros.
-Azabache: es el fin de Sharker.
-Alma: de Sharker…
-Flor: ¡Y de los cristales!
-Alegría: el reino… hay que hacer algo.
-Azabache: corred cada una a una esquina del reino y a la de tres, ¡ polvo de hada!
-Alma: una…
-Flor: dos…
-Alegría: tres…
-Todas: ¡polvo de hada!

De repente un arco de color salió de las manos de las cuatro amigas.
-Azabache: azul… recupera el cielo el mar y los lagos. Alegría.
-Alegría: rojo… recupera todos los animales del bosque. Flor.
-Flor: verde… recupera la vegetación. Alma.
-Alma: morado… recupera la felicidad y…
-Todas: ¡cuatro nuevos cristales!

Cuando las chicas terminaron con su tarea, de cada una de sus bocas salió una sonrisa de orgullo, y fueron camino del palacio. Cuando llegaron, Sahara y el príncipe estaban allí. Al entrar, el rey les dijo:
-Gracias, sois las mejores; sin vosotros no lo habríamos conseguido.
-Azabache: no es nada.
-Flor: lo hemos hecho por el reino.

Cuando acabó la aventura las chicas tuvieron una magnífica idea.
-Alma: y ¿si encogemos los cristales y los llevamos siempre en un collar?
-Flor: está bien.
-Todas: uno para cada una, los cuatro iguales y con felicidad, absolutamente pequeñitos se harán.

Y gracias a esta idea el reino no volvió a estar nunca en peligro.

 

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