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9 de noviembre de 2009 |
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Asistimos desde hace ya tiempo al bochornoso y lacerante espectáculo de supuestos servidores públicos que se llevan a manos llenas, a plena luz del día y sin el más mínimo sonrojo los dineros que a los ciudadanos nos cuesta tanto ganar y que ponemos cándidamente en sus manos para que los empleen en proporcionarnos unos servicios públicos, dignos de la confianza que depositamos en ellos/as. Produce rabia, impotencia, mala leche, desprecio,…ver cómo unos y otras, no importa el bando, las siglas, la condición, o la edad meten la mano en la hucha común, con la mayor jeta y soberbia del mundo y cuanto mayor es el robo mayor la probabilidad de salir impunes. Unas veces porque la justicia hace como que no se entera, otras porque llega tarde y el delito ha prescrito – ¿qué es eso de que robar a manos llenas, saquear, deja de ser delito porque han pasado una serie de años? –, otras porque los que roban disponen de los mejores abogados que camuflan el robo, otras,…el caso es que les sale gratis. Se ríen de nosotros, nos tratan de imbéciles y se salen con la suya. ¿Con qué autoridad podemos pedir, entonces, que pague el IVA el pequeño empresario, declare sus ingresos el común de los mortales sin hacer trampas, te pongan las ruedas que has pagado en el taller, te cobre un precio justo el albañil que viene a casa, …? Da la sensación de que el que paga, el que hace las cosas bien, el que juega limpio, es tonto en un país en el que saltarse las reglas, burlar la ley, está a la orden del día y además no pasa nada. A este paso ser “chorizo” podría convertirse en carrera universitaria de ciclo corto, no, cortísimo, con máster incluido. En esta situación de tierra quemada, en la que parece imperar el principio de vivamos/esquilmemos hoy y el que venga detrás que arree, ¿cómo vamos a educar a nuestros jóvenes en el sentido de la responsabilidad, del respeto a las leyes, del juego limpio, de la honradez y la justicia, de trabajar por el bien común si lo que ven a diario en muchos de sus mayores es justamente lo contrario? ¿Con qué argumentos vamos a convencerles de que no se puede, no se debe, si es tan sencillo robar y salir impune? Y cuando ellos sean adultos y ocupen los puestos de responsabilidad que les corresponde en nuestra sociedad (y nosotros mayores y a merced de sus decisiones), ¿qué podemos esperar?¿con qué autoridad moral les exigiremos que sean responsables, ecuánimes, honrados, justos? Nos pasamos el día pidiendo y reformando leyes y más leyes.
A lo mejor nos sobran muchas de ellas y falta cumplir y hacer cumplir
a rajatabla unas pocas, pero claras y poner entre rejas de forma fulminante
a todo aquel/la que se las salte, sea quien sea y que no salga de allí
hasta que haya devuelto el último céntimo. Como esto, hoy
por hoy, no está ocurriendo tal vez sea el momento de preguntarnos
qué estamos haciendo como ciudadanos, por qué nos callamos,
por qué miramos para otro lado como si no fuera con nosotros, por
qué somos tan complacientes, tan tolerantes cuando se trata de
honradez y de justicia y nos llevan los demonios cuando se trata de braguetas.
Tantos años con el sexo a cuestas se diría que no nos ha
dejado espalda para la justicia y la honradez. Las hemos perdido por el
camino y al parecer no las echamos mucho de menos. Y así nos va… |
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