25 de noviembre de 2009
Crónica desde Perú

Félix Latre

 

 

El 14 de febrero pasado salía desde Zaragoza rumbo a Madrid para más tarde embarcarme en el avión con destino final Lima. La llegada, a la hora prevista del día 15 de febrero. En este viaje iba acompañado de mi hermana Soledad, quien con la excusa de acompañarme, se toma unas vacaciones de 15 días en Perú y así conocería la zona donde voy a trabajar durante estos 6 meses: Canto Grande.

Los primeros días fueron de turismo. Salíamos temprano con el Hno. Benedicto a conocer los lugares más emblemáticos. Después Soledad viajó a Cuzco y durante esos cuatro días estuvimos de preparativos en el colegio, revisando horarios, y perfilando lo que sería mi aportación al centro. La segunda semana, más salidas turísticas: Barranca, Islas Palomino,…así como reuniones de profesores, trámites en el Consulado de España y paseos por el barrio al atardecer, con la caída del sol.

El 28 de febrero, sábado, despedíamos a mi hermana en el aeropuerto y el lunes 2 de marzo comenzaba el curso. En cuanto a mi tarea, cambio de planes: el apoyo que iba a desarrollar en el colegio se convertía en clases directas. Todo 4º de secundaria, además de 2 tutorías con chavales; total, 22 horas lectivas. El horario se presenta cargadito el lunes y viernes, aceptable el martes y relajado el miércoles y jueves, lo que me permite plantearme algún otro tipo de colaboración en esos huecos.

Las dos primeras semanas de clases han resultado un tanto curiosas, no porque me sorprendieran, (estamos en Perú), sino porque el horario de clases acababa a las 5.30 p.m., y era entonces cuando los profesores nos reuníamos para que las enésimas comisiones expusieran sus trabajos y fueran aprobados por el resto de docentes. Clases aparte, el sábado 7 teníamos una reunión de profesores organizada por el equipo de Pastoral. Fue entretenida y relajante. Me sirvió para conocer un poquito más a los profesores y para que ellos me conocieran en un ambiente diferente.

Desde el primer día tengo la visita regular de Lourdes Milagros, una chica de 19 años, a la cual estoy apoyando para que pueda terminar sus estudios de telemarketing. Como era de esperar, todos los miembros de su familia tienen necesidades básicas: luz, agua, comida… Les he adelantado un dinero y a cambio me fabricarán unas cosillas de bisutería.

Emocionalmente, sin embargo, la experiencia más brutal es el encuentro con Karen Fiorella, una chica de 17 años, con una enfermedad recién detectada llamada LUPUS, al parecer crónica, que deteriora los órganos vitales, hígado, riñón, pulmones,… hoy por hoy incurable, aunque se pueda controlar su avance. Impresiona su dinamismo, su capacidad emprendedora, sus ansias de comerse el mundo. Duele por dentro oírla hablar de la vida, a ella, tan joven y con la suya pendiente de un hilo. Sus padres están más afectados que ella. Los médicos se asombran de su vitalidad y alegría desbordantes. En nuestra última visita, Karen le recordaba al Hno. Ángel cómo debería plantearse la pastoral juvenil con una madurez impropia de una joven de 17 años.

Mi amiga Isis, 18 años, viene a conversar conmigo, me cuenta sus aventuras y me pide ayudarla con clases particulares de matemáticas en sus estudios de periodismo en la Universidad.
Realizamos las compras semanales y comienza a funcionar el comedor del colegio, proyecto al que estamos apoyando desde el Colegio de La Mina, Zaragoza.
Los sábados salimos de casa a las 8:30 y nos desplazamos con el “carro”. Primera parada:“Mercado del Bosque”. Nos dividimos las tareas: Ángel a la pescadería, Benedicto a las verduras, Félix busca el carrito de la compra y a por la fruta. Nos reunimos en el centro del mercado. Aún faltan las papas, los huevos, los tomates y las latas de sardinas. De camino a casa, segunda parada en “Metro”, un supermercado como los que hay en Zaragoza. Productos de limpieza y pan. Los españoles somos paneros y en el supermercado venden pan de todas las clases. Siguiente parada, “Mayorza”, almacén mayorista cerca de casa. ¡Qué suerte tenerlo tan próximo!: arroz, avena, azúcar, tallarines, etc. Penúltima estación, “Mercado 10 de octubre”. Ya estamos en el barrio: 4 pollos semanales y tripas de res, para cocinar “mondonguito” o “kau-kau”, nosotros los llamaríamos callos. Acabadas las compras, una parte va a la comunidad y la mayoría al colegio. Al llegar, se acercan los chicos y chicas para ayudarnos a descargar; muchos están jugando partidos y otros vendiendo jugos para ganarse unos dinerillos. Y así, todos los sábados por la mañana. Llegar al cole con la compra, te arranca una sonrisa, te hace sentir como la mamá que lleva la comida a sus polluelos.


En cuanto al colegio, el curso sigue con normalidad, con sus anécdotas, problemillas y alegrías cotidianos. En Fe y Alegría 32, en Canto Grande, hay dos turnos: los alumnos de Primaria acuden en horario de mañana, y los de Secundaria en horario de tarde. Tiene 23 aulas. Cada curso escolar, 4 secciones, salvo los mayores de 5º de secundaria que sólo cuentan con 3 secciones. En el colegio no hay alumnos de Infantil, aunque se colabora estrechamente con el Colegio “Karol Wojtyla” de Educación Infantil. Tienen talleres ocupacionales, entre ellos, soldadura, como nosotros, e industria del vestido.

Los alumnos de Secundaria aprenden oficios, en horario de mañana, en los talleres de carpintería, costura, ofimática, ensamblaje y electricidad. Aprender un oficio es muy importante. No todos tienen posibilidades de estudiar una carrera universitaria, ni tan siquiera unos estudios técnicos posteriores a la Secundaria, por lo que el aprendizaje de un oficio en el colegio puede ser su modo de vida en el futuro. Muchos antiguos alumnos están agradecidos a los HH. Corazonistas, porque con la ayuda económica que les enviamos desde España pagan las becas de los 5 mejores alumnos de cada promoción. Mi amigo Yaser es uno de esos, estudió en la Universidad de Economía y ahora trabaja en un banco.

Algo que llama la atención es la cantidad de actividades que se celebran en el Colegio. No hay un mes sin su fiesta: el día del padre, el de la madre, el del niño, también el del Sagrado Corazón, como nosotros; el aniversario del colegio,… Éste último es un día ansiado por todos porque se reencuentran los antiguos compañeros y juegan al bingo, con la ilusión de conseguir el “apagón” o el premio sorpresa, que unos años es un saco de arroz y éste ha sido un armario.


Por último, y en cuanto a mí se refiere, la experiencia de estar fuera de casa una buena temporada, lejos de la familia y amigos y de tu entorno habitual puede hacerse un poco cuesta arriba en un primer momento, mientras lo piensas, porque en cuanto bajas del avión las nieblas se disipan por la acogida que te dispensan hermanos, profesores y alumnos, como han hechos en ocasiones anteriores.
Evidentemente hay momentos en que echas de menos familia, compañeros, el balonmano, amigos, alumnos de la Mina, pero las nuevas tecnologías acortan distancias y consiguen que sientas a todos al alcance de la mano. Por lo demás, hay tanto trabajo y la vida pasa con tal rapidez que cuando quieres darte cuenta ya estás en el avión de vuelta. Ni que decir tiene que el balance de mi experiencia ha sido positivo. Estar cerca de los que sufren no es agradable, pero te acerca a otras realidades y aprendes a valorar todo aquello que has dejado temporalmente en Zaragoza.

El primer año que visité Perú, en 1997, pensaba que trabajando mucho y haciendo grandes cosas podría cambiar aquel mundo y me entristeció el ver que aquello no cambiaba gran cosa y que no había sido capaz de resolver los problemas de aquellos niños. Hoy, después de estos 6 meses, regreso feliz, porque, aun sabiendo que no he sido capaz de resolver todos los acuciantes problemas de estos jóvenes, he sido capaz de hacer muchos pequeños gestos, que les han hecho sonreír y olvidarse, aunque sea por un instante, de todos sus problemas.

Desde aquí aprovecho la ocasión para agradecer a todos los Hermanos la oportunidad de haber compartido con ellos estos meses, el haberme acogido con confianza, respeto y cariño en su casa y en sus vidas, haciendo que me sintiese uno más de la familia.

 

Colegio Sagrado Corazón - Corazonistas
Paseo la Mina, 4 - 50001 - Zaragoza
Teléfono: 976 224 864 Fax: 976 222 999

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