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27 de julio de 2009 |
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Durante meses nos han estado anunciando el cierre de la señal analógica e incitando a adquirir lo antes posible un decodificador, no sea que nos quedásemos sin tele a partir del 30 de junio. Daba la sensación de que el mundo se acababa si al apretar el botón no había conexión y se quedaba en blanco o en azul la pantalla de la caja tonta. Nos han vendido las bondades de la mejora de imagen, el acceso a un sinfín de canales y no sé cuántas cosas más. Lo que no nos han dicho es en qué va a mejorar nuestra - digo nuestra porque la mantenemos con nuestros impuestos – tele pública, qué programas van a introducir para que sea verdaderamente un servicio público de calidad, es decir, qué programas se crean o se van a producir, por ejemplo, para ayudar a nuestros mayores a vivir dignamente y a los adultos para concienciarnos de lo que son y han sido ; qué programas van a ocuparse de asuntos que están a diario en boca de todos pero que nunca o casi nunca se comentan en voz alta y con cierta honradez.¿Es necesario nombrarlos? Bien, pues citemos algunos: la violencia entre adolescentes, las leyes que se aprueban sin pedirnos opinión ni permiso (aborto, ley del menor, educación,…), el uso de los miles de millones de fondos públicos, el funcionamiento de la justicia, el problema de la inmigración, las iniciativas para mejorar el sistema educativo cuando no hay elecciones a la vista, programas útiles, amenos y sensatos en inglés, alemán,… para los pequeños y jóvenes (¿qué pasa, que no hay más que botellón, sexo y violencia entre nuestros jóvenes?), la repoblación de nuestros montes, las mejoras reales en el uso del agua,…Bastaría con ir anotando durante 24 horas las conversaciones que se suceden en los más diversos ámbitos y daría para un listado de unas cuantas páginas sobre creación de espacios que realmente interesan y sirvan al conjunto de la ciudadanía. ¿A quién le importa las idas y venidas, los dimes y diretes de tanto famoso y famosa que viven del cuento, de mostrar sus atributos que no interesan a nadie y de airear sus trapos sucios, reales o inventados? ¿Verdaderamente esto le importa a alguien? Por otro lado sería bueno que los ciudadanos/as estuviéramos al corriente de cuánto cobran los profesionales ( y los que dicen serlo) del sector y cuántos viven del cuento sin dar un palo al agua – pero cobrando y muy bien - y con qué criterios se administran los fondos. ¿Quién va a pagar el inmenso déficit que se va acumulando año tras año en todas las televisiones públicas? A primera vista parecía que las autonómicas serían más austeras pero está claro que imitan los pasos dados por sus hermanas mayores nacionales endeudándose en cientos de millones cada año. ¿Quién va a pagar la factura? Además, ¿quién dijo que era imprescindible que la caja tonta tiene que funcionar las 24 horas del día sin interrupción? Dado el servicio que muchas de ellas prestan en estos momentos parece razonable que se les asigne un presupuesto más bien austero en proporción con todos los demás servicios públicos –muchos de ellos bastante más necesarios - y cuando se les acabe el presupuesto, sencillamente, que hagan equilibrios como el común de los mortales, que tenemos que dejar para el mes o el año siguiente todo aquello que no es estrictamente necesario y está claro que ,hoy por hoy, vista la bazofia que inunda la caja tonta ,no perderíamos gran cosa y creo que hasta sería mentalmente beneficioso. Tal vez así, con un poco de suerte o de sentido común, pasara de ser caja tonta a elemento algo más que decorativo. ¿Tal vez educativo? |
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