27 de julio de 2009
Crónica de un campus

José Luis Martín Morales

 

 

El mes de julio toca a su fin y con él se van apagando los ecos de las risas, los gritos, las carreras a la piscina y al pabellón y algún que otro lloro mañanero al despedirse de mamá. Durante cinco semanas los más enanos del cole – de 3 a 9 años nos han llenado el cole de vida mientras sus papás se iban tranquilos a trabajar, tal vez, envidiando un poco el inmediato desplazamiento de los peques a la piscina mientras ellos/as subían la rampa, camino del trabajo, bajo un sol tempranero que se anunciaba de justicia.

Inglés, música, talleres varios, psicomotricidad, informática, deportes, juegos, piscina, y excursiones para los más mayores han sido las excusas perfectas para unas semanas de convivencia entre niños y monitores y entre ambos entre sí. Es sorprendente observar la rapidez con la que aprenden las más diversas tareas (niños de tres años que no saben quitarse un calcetín el primer día y acaban vistiéndose ellos solitos como adultos ) o se adaptan al entorno (niños que empiezan llorando a lágrima viva porque un compañero le quita un juguete y acaba aprendiendo a compartirlos y a jugar juntos). Es una suerte verlos reír sanamente y disfrutar por igual con un aro, un balón, unos legos o un juego de ordenador. Solemos decir que su imaginación no tiene límites y es verdad. Tienen esa facilidad para construir un mundo con el menor de los elementos.

Han vivido en la distancia las fiestas de Teruel, (el torico estaba pelín cabreado), han visitado el santuario animal de La Alfranca donde se convirtieron en científicos analizando líquenes directamente sobre los árboles con ayuda de una lupa, han viajado en el tiempo y visitado a los romanos que nos recibieron en su teatro con ayuda de Asterix y Obelix y han vaciado una parte de la piscina supongo que debido a las ganas con que llegaban a la misma. Han aprendido ritmos no sé si africanos o reggae acompañados de xilófonos, metalófonos y cacófonos y han contado historias para…sí, dormir (porque efectivamente algunos se dormían).

En el apartado de las incidencias hemos tenido que lidiar con un gatito invasor (acaso primo del amigo de Sreck), el histórico espectáculo del derribo de la valla del cole, los bocadillos del almuerzo donde tuvimos que tirar de imaginación para que se los comieran, algún despiste parental olvidándose del niño en el cole, niños que no querían volver a casa provocando un conflicto de intereses,…y otras minucias de poca o nula importancia. Mención especial merece la siesta que muchos niños se han echado al llegar rendidos a casa para descanso y satisfacción de sus progenitores.

Nos alegramos de que hayáis disfrutado todas y todos de este campus y os deseamos unas buenas vacaciones. Disfrutad del verano.Nos vemos en septiembre.
Hasta pronto.

 

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