9 de septiembrede 2009
Puntas indiscretas
Marta Solanas (3º ESO)

 

 

 

Aunque parezca imposible, lo que os voy a contar es absolutamente cierto.

Todo comenzó un 14 de febrero cuando Miguel se dio cuenta de que cada día estaba más enamorado de Carla. Quería hacerle un regalo pero era demasiado tímido, aunque éste no es el tema principal de nuestra historia. Lo que os voy a contar trata sobre el baile, la danza y, en concreto, el ballet clásico. A Miguel le encantaba y quería aprender, pero sus padres no le dejaban porque decía que era para afeminados, gays, homosexuales, o como queráis llamarlo.
Sus amigos se metían con él cada vez que decía que le gustaba el ballet y le dejaban un poco marginado. Por otro lado estaba Carla y una de las razones de que ella le gustase era que hacia ballet. Miguel pensó en pedirle que le enseñara a bailar pero le daba mucha vergüenza.
Sus estudios iban cada vez peor y encima su padre le obligaba a jugar al fútbol para que fuese…” más chico”. Su madre, preocupada por sus notas, decidió que la alumna más lista de la clase le ayudara y esa chica era Carla. Miguel se quejó de tener una profesora particular, pero, en el fondo, estaba encantado de poder estar con la chica que le gustaba, todas las tardes de los lunes y los viernes.

Miguel iba todos los días a ver los ensayos de ballet de la escuela de danza de Zaragoza que era donde Carla aprendía a bailar. Un viernes, cuando Carla le estaba explicando la lección de matemáticas, salió el tema del baile. Miguel le contó a Carla su pasión por el ballet y todos los obstáculos que le ponían sus padres. Carla se quedó muy sorprendida y le propuso hacer un pacto: ella le daba clases de ballet después de una hora de estudio si empezaba a mejorar sus notas. Miguel aceptó.

Llevaban ya dos meses con su plan y Carla decidió llevarle a una prueba que hacía su escuela de danza cada año. Consistía en que cada alumno llevase a un bailarín o bailarina y entre ellos se sortearía una beca para la escuela nacional de danza francesa. Lo bueno de esa beca era que se podía usar durante cuatro años a partir del día que se concedía, por eso a Miguel le daba tiempo a terminar la ESO para poder apuntarse.
Miguel estuvo preparándose tres meses para este concurso. Y llegó el día de la prueba. La primera parte consistía en seguir las instrucciones de la profesora ; lo hacían en grupos de seis de los cuales sólo pasaban tres personas y Miguel estaba entre esas tres personas. La siguiente prueba consistía en hacer una coreografía y exhibirla ante un jurado compuesto por bailarines y coreógrafos profesionales y aunque los nervios le podían haber jugado una mala pasada a Miguel no le sucedió nada de eso. Bordó su coreografía y, merecidamente, pasó a la siguiente fase dividida en tres partes: debían demostrar cómo usaban las puntas, dar clases donde se evaluaría su capacidad de aprendizaje y, por último, otra coreografía, pero ahora con unos pasos básicos que les marcaban y que pedían una exigencia mayor.
El conjunto de la prueba le resultó un tanto extraño puesto que él nunca había hecho nada parecido; aún así, la primera prueba la superó con éxito, la segunda, más cansado, llegó a la prueba final y estaba ansioso por saber si había ganado. Por fin entró el director del concurso para darles el resultado a él, y a nueve chicos/as más.
-“Y la ganadora es… ¡Ana María González!”
Miguel salió decepcionado pero tenía que seguir adelante y por eso Carla le animó a presentarse al año siguiente porque, en realidad, no habían tenido mucho tiempo de ensayo. Además Miguel tenía claro que si ganaba se iba a Francia ese verano. Sus padres no pondrían objeciones para que se fuese a estudiar al país vecino. Ya estaría en cuarto de ESO…

AL AÑO SIGUIENTE

Sólo quedaban dos días para el gran concurso y Miguel estaba nervioso igual que la vez anterior, sólo que tenía más ventaja sobre algunos concursantes, porque sabía cuáles eran las pruebas que les iban a hacer.
Todo pasó muy rápidamente y llegó el gran día. La primera prueba por grupos la superó con éxito y en la segunda le pusieron un ocho y medio en su coreografía. Al día siguiente, cuando Miguel estaba haciendo la primera parte de la tercera prueba (la de las puntas) se torció un tobillo y casi no pudo seguir con la segunda (las clases), pero consiguió pasar a la final, aunque por los pelos. Y cuando estaba a punto de empezar la última prueba, justo antes de salir, pensó que si ganaba el concurso y se iba a Francia no volvería a ver más a Carla hasta que volviera y para entonces podían pasar muchas cosas, entre ellas, que Carla se enamorase de otro. Miguel bailó y bailó genial, aunque no todos los miembros del jurado estaban de acuerdo sobre su actuación. Finalmente, entró el director. Todos los chicos y chicas que participaban en el concurso se pusieron en una fila y el director se dispuso a dar el nombre del ganador al tiempo que todos los concursantes daban un paso hacia atrás…

-“ El ganador es… ¡Miguel Martínez!. En ese momento a Miguel se le pasaron mil y una cosas por la cabeza pensando lo que había dicho que haría si ganaba, si sus padres le creerían con lo de ir a estudiar a Francia, si le dejarían ir solo o si le obligarían a ir con alguien en concreto… Lo que tenía claro era que había mejorado como bailarín y que gracias a Carla podría estudiar danza. A la salida del concurso le esperaba Carla con impaciencia por saber el resultado. Cuando le dijo que había ganado se puso muy contenta. Ella aún no le había contado que había convencido a sus padres para ir a vivir a Francia. Cuando se lo dijo, Miguel se quedó boquiabierto. Ya no era necesario que se declarara a Carla hasta que se lo pensase mejor.
Cuando Miguel habló de lo de Francia con sus padres él les explicó que iba a una especie de internado pero con más libertad y a sus padres les pareció bien, aunque en realidad iba a la escuela de danza con una beca de dos años.

Se fueron. Y una vez allí Miguel y Carla se tenían que separar porque Carla se iba a vivir a Lyon y Miguel a París, aunque se prometieron que estarían en contacto.
SEIS MESES DESPUÉS

Miguel ya llevaba seis meses en la escuela de danza y era lo mejor que le había pasado. Carla le seguía dando clases, pero sólo los fines de semana. Miguel seguía pensando si debía decirle a Carla que le gustaba y con su duda iba cada día a bailar, a mejorar y a intentar superarse como bailarín, porque lo que, de verdad, deseaba Miguel era poder salir delante del público, allí o aquí o en el polo norte, porque si crees en tus sueños puedes llegar a conseguirlos. Y mientras pensaba en esto entró el director de la escuela y dijo:
-“Después de varios meses de mucho esfuerzo y duro trabajo he decidido que es hora de que le enseñéis a la gente lo que sabéis hacer; por eso he reservado el teatro durante toda la semana que viene. Todas las tardes a las seis haréis una exhibición de dos horas y quiero que salga perfecta. Las profesoras y los profesores os irán indicando durante estos días las coreografías que representaréis y el sábado y el domingo haremos un ensayo general en el teatro. Así que ánimo y a vuestros camerinos.”

Era su mejor oportunidad para lucirse delante de todo el mundo y sobre todo delante de Carla. En cuanto Miguel saliese de la escuela de ballet cogería el teléfono para avisar a Carla de que iba a actuar delante de todo un teatro lleno de gente. Y mientras hablaba con ella notó cómo Carla se emocionaba. Le dijo que iría encantada a su primera actuación como bailarín casi profesional.

Miguel esperaba con impaciencia el día de visita al teatro y su primera toma de contacto. Fue una semana llena de nervios y sobre todo baile, mucho baile. Por fin llegó el viernes y la impaciencia de llegar y verlo por dentro. Autobús, subida, bajada. A la llegada todos los alumnos y alumnas de la escuela bajaron gritando de la ilusión y de los nervios que tenían por entrar ya y ver cómo era.Miguel se detuvo a las puertas del teatro. Era el momento de entrar. El posible comienzo como bailarín, lo que podía ser el principio de algo más con Carla y que haría que él confiase mucho más en sí mismo y, sobre todo, lo que podría cambiar su vida para siempre. Dicen que los malos recuerdos nunca se olvidan, pero ,en este caso, esos malos recuerdos deberían hacerle un hueco a los buenos porque Miguel se quedaría sólo con lo bueno de esta historia y si algún día llegaba a ser famoso quería ver cómo reaccionarían sus padres. Claro que aunque él no lo supiese se iban a enterar mucho antes de lo que esperaba.


¡Ringggggggggggggggggggggggg!
Sonó el despertador a las seis de la mañana. Tenían ensayos esa mañana para estar bien frescos por la tarde y dar el 100% .Miguel estaba dispuesto a eso y a mucho más. Había llegado el gran momento y comenzaba la cuenta atrás...
Las cinco de la tarde, aún quedaba una hora y el teatro se empezaba a llenar. Les habían dicho que se habían vendido todas las entradas igual que en un Barça-Madrid. Miguel estaba muy nervioso y a la vez contento; quería llorar de alegría y reír de emoción aunque no tuviese mucho sentido. Eso le tranquilizaba y le ayudaba a concentrarse porque, la verdad, bailar delante de todo un teatro a rebosar no es fácil y menos si es tu primera vez y estás temblando como un flan. De todas formas Miguel estaba allí para luchar por su sueño ahora al alcance de la mano. A las seis le tocaba salir haciendo una pequeña introducción con todos los bailarines. Todo eso fue bien. El problema era que después tenía que hacer un solo antes de empezar a bailar con una chica, aquella que le ganó el primer año en el concurso que organizaba la escuela de danza de Zaragoza, Ana María González, aunque eso, a estas alturas, ya le daba igual porque admitía que era mejor que él y debía intentar superarla con tiempo y esfuerzo. Y llegó el momento en que Miguel y Ana María salieron a la pista a lucirse en lo que mejor sabían hacer: bailar y lo hicieron bien, muy bien. Fueron los que más aplausos se llevaron y eso a un bailarín le hace sentirse muy orgulloso de sí mismo.

Los demás días fueron similares: aplausos, alegría, satisfacción y más aplausos, todos menos el jueves en el que a Miguel le entró pánico. Quedaban doce minutos treinta segundos para que empezaran y Miguel se asomó por un hueco del telón para ver si estaba lleno como otros días y, de repente, se le paralizó el corazón y se le heló la sangre. Sus ganas de bailar se esfumaron y sólo quería salir de allí corriendo y gritar. Al mismo tiempo oyó su móvil y observó que tenía dos mensajes. No sabía por cuál empezar si por el que ponía mamá y papá o por el que ponía Carla… y decidió abrir primero el de Carla que decía:

Miguel soy Carla supongo q eso lo sabs no s si has vsto a tus padrs n la sgunda fila con un matrimonio alemán. Carla bss. XD

Miguel no sabía si contestar y como quedaba poco tiempo, siete minutos, decidió abrir el otro mensaje que decía:
Hola cariño, soy mamá, ¿qué tal estás? Nosotros bien; te he hecho una llamadita pero no lo has cogido. Debías estar ocupado estudiando; sí, supongo que será eso, no lo sé, bueno, te quiero decir que esta noche estaremos en París para ver un nuevo musical de ballet que sólo está durante una semana, porque tu padre tiene que cerrar un trato muy importante con unos clientes alemanes y me preguntaba si te querías venir. Muchísimos besos, mamá.

Miguel sentía que le iba a estallar la cabeza. Tanta presión en tan poco tiempo no la podía aguantar, se mareaba todo a su alrededor, le daba vueltas y se sentó rápidamente. Podía decir que no salía, que se encontraba mal, pero no lo hizo. Decidió ser fuerte, y si le descubrían podrían decirle lo que quisiesen porque él había cumplido su sueño: había aprendido a bailar, había bailado delante de un teatro lleno de personas, y sólo le quedaba una cuenta pendiente, Carla. Y ya había decidido que se lo iba a decir pasase lo que pasase. Cuando se le pasó el mareo se armó de valor y le envió un mensaje a Carla (tenía tres minutos). El mensaje decía:

Carla soy miguel tenemos que hablar cuando acabe t spro n mi camrino bss. Miguel. XD. XO.

Un retoque por aquí, otro por allí, maquillaje y a escena. En la coreografía grupal intentó bailar lo más atrás posible y no mirar mucho a sus padres, aunque resultara difícil y, de momento, parecía que no le habían visto. Pero había llegado el momento de sacar valor de donde fuera, salir ahí y demostrar a sus padres que él valía y que eso era lo que quería hacer. Y así lo hizo. Y le salió bien. Fugazmente vio a su madre llorando mientras salía corriendo hacia su camerino. Al terminar la función llamaron a la puerta. No era Carla, a quien esperaba, sino su madre.
-¡Mamá!, ¿ qué haces aquí?
-He venido a darte mi apoyo. Me ha encantado cómo bailas y quiero decirte que sigas así porque me has emocionado.
-Pero… ¿cómo has sabido que estaba aquí si yo no os dije nada?.
-¿Tú nunca has oído que las madres lo sabemos todo?
-Pero yo pensaba que no queríais que bailase…
-Ese era tu padre; yo sólo quería que fueras feliz, por eso te puse a Carla de profesora, porque sabía que acabarías así cumpliendo tu sueño.
-¿Y papá? Papa me ha visto bailar, él también se ha dado cuenta.
-No, tu padre y el otro señor se han pasado hablando de negocios todo el rato.
-Mama, te quiero.
-Yo también te quiero, hijo. Voy a buscar a tu padre…

Miguel no podía creer lo que le había dicho su madre y aún lo estaba asimilando. Tenía las lágrimas que le caían hasta la barbilla. En ese momento apareció Carla. Miguel intentó disimular pero no pudo, tenía todo el maquillaje corrido y los ojos rojos. Y Carla le preguntó:
-¿Qué te pasa?
-Nada, respondió Miguel.
-No me digas, nada, algo te pasa, estás llorando.
-¿De verdad lo quieres saber?.
-Sí.
- Mi madre ha venido a verme y me ha dicho que le he emocionado y que me apoya.
-Me alegro por ti.
-(Los dos a la vez) Yo venía a decirte algo.
Ríen.
-Tú primero, dice Carla.
-Vale. Yo… te quería decir algo que puede cambiar nuestra vida para siempre. Quiero decirte que… venga lo diré rápido… llevo toda la vida enamorado de ti.

A Carla se le cayó una lagrimilla pegada a la nariz. Y dijo:
-¿Y a ti nunca te han dicho que estás muy guapo llorando?.
En ese momento sus miradas se cruzaron y se dieron cuenta de que llevaban toda la vida enamorados el uno del otro y no se habían dado cuenta hasta este momento. Poco a poco sus labios se fueron acercándose hasta el punto de rozarse y lentamente los dos tuvieron el beso que esperaban hace años y que ninguno se había atrevido a dar. Cuando sus labios se separaron una tímida sonrisa se pudo ver reflejada en sus rostros y con un hilo de voz Carla dijo:
- Me tengo que ir.
Cogió su bolso, salió y cerró la puerta. Suspiró, bajó las escaleras y se alejó en su precioso coche. Miguel la observó desde la ventana. Jamás olvidaría nunca esa noche.

Iban transcurriendo los días. Él bailaba y quería cada vez más a Carla y Carla le quería más a él. Pasado algún tiempo Carla les dijo a sus padres que se iba a vivir al pisito de Miguel…

Llevaban ya dos años viviendo juntos y Miguel había dejado de bailar en la escuela para poder bailar en un musical en el que le habían ofrecido un puesto como bailarín principal. Carla se puso a trabajar de coreógrafa en una asociación de niños discapacitados para quienes el baile es su sueño y su razón para seguir viviendo.

Meses más tarde Miguel empieza a ver a Carla un poco rara y no es normal en ella hasta que un buen día Carla le dice:
-¡Vamos a ser papás!.
-Pero es…
-Lo sé ,¡es genial!.
-Te quiero.
-Y yo a ti.
Por la noche fueron a celebrarlo a uno de los restaurantes más elegantes de París.
Los padres de Carla ya lo sabían así como su familia, pero no los padres de Miguel así que le envió un mensaje a su madre:

Querida mama:
Tengo que decirte algo muy importante…
¡¡¡CARLA ESTA EMBARZADA!!!

A su madre le alegró mucho la noticia y enseguida llamó a toda la familia y a Miguel para darle la enhorabuena.
Cuando nació el niño a quien llamaron Carlos, Miguel y Carla viajaron a España para que sus familias lo conocieran y fue algo hermoso. Además, como el musical en el que estaba trabajando Miguel venía a España se quedaron a vivir unos meses más en los que Miguel, su madre y Carla buscaron una buena manera de decirle a su padre que su hijo era bailarín profesional. La mejor forma era llevándolo al musical. Y así fue. Salió Miguel (esta vez sin tantos nervios como la primera vez) un par de veces con las coreografías grupales pero no se le veía mucho, lo que haría que su padre se enterara de que era bailarín en su actuación individual y cada vez quedaba menos para ese momento. Y así fue. Salió y dio lo mejor de si mismo, tanto que la gente no dejaba de aplaudir y eso a Miguel le llenó de orgullo y satisfacción, por tanto esperaba haberse ganado a su padre. Y así fue. Cuando salieron del teatro su padre le dijo:

-Hijo mío, no sabía que tuvieras tanto talento para la danza.
-Pues ya ves, papa. No debiste juzgarme antes de tiempo.
-Espero que puedas perdonarme.
-Por supuesto, papá.
-Gracias, hijo.

En estos momentos Miguel vive en Argentina aunque volverá a España para recibir a su segundo hijo con Carla que será una chica y se llamará Susana. Miguel y Carla cada día se quieren más. Cuando sus hijos crezcan probablemente se dediquen al baile y triunfen como Miguel. En cuanto a Carla, su escuela de danza para niños discapacitados tiene ya ocho centros repartidos por Francia, España, Alemania, Argentina, Canadá, Austria, Rusia y Japón.

 

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