“La casa encantada”
Érase una vez una familia con dos hijos que se iban de excursión
al bosque del pueblo de al lado donde había un río. De camino
se encontraron una casa abandonada y el padre que se llamaba Alberto,
quería entrar a ver las cosas terroríficas que podía
haber dentro. Pero Andrea, la madre, quería ir al río que
era donde ella y sus hijos querían ir. Fueron al río e hicieron
una acampada para pasar la noche, pero Alberto se despertó a media
noche a investigar qué había en aquella casa tan misteriosa.
La noche pasó y cuando el sol salió toda la familia se despertó,
pero se dieron cuenta de que Alberto no estaba entre ellos. Después
de buscar por todo el río y el bosque decidieron buscarlo dentro
de la casa. Fueron a la casa y antes de entrar llamaron a su padre pero
nadie contestó. Aunque ellos tenían mucho miedo decidieron
entrar. Estaba todo muy oscuro y todo estaba lleno de telarañas
y polvo. Volvieron a llamar, nadie contestaba. De repente se abrió
una puerta con un gruñido de ultratumba. Se acercaron temblando
a la puerta y… salió su padre. Lo único que ocurría
era que había entrado al baño porque tenía pis….
- ¿Qué hacéis aquí? – dijo el padre
- Pensamos que estarías aquí. No te encontrábamos
y teníamos miedo de que te hubiera pasado algo.
- No lo hagáis más, por favor.
- Me aburría en el bosque y entonces…
- …¿entonces qué? ¿eh?
- Entonces me vine aquí porque…
- Dí la verdad, papa – le rogaron los niños
- Vine aquí porque….
¡Plum! ¡Plam! ¡Plim! … de pronto se cerraron
todas las puertas y ventanas.
- ¡Oh no! ¡estamos atrapados! – dijo Andrea.
Todo se quedó a oscuras. La temperatura estaba bajando y se empezaron
a escuchar unos ruidos muy misteriosos. Alberto notó una mano en
su hombro…
- ¡Ahhhhhhhhhh! – gritó Alberto.
- ¡Ahhhhhhhhhh! – gritaron todos.
- ¿Por qué gritamos?- preguntó Andrea.
De la oscuridad salió una voz muy grave…
- ¿Quiénes sois?-
Era una anciana con un bastón de madera. Andrea y Alberto se quedaron
hablando con la anciana, mientras los niños se escapaban. Cuando
estaban en el pasillo tocaron una palanca y cayeron por una rampa.
Estaba oscuro, hasta que Juan le dio a un interruptor. Era un laboratorio
secreto. Había cosas muy raras. Vieron un libro para aprender a
hacer conjuros malditos, mientras los padres buscaban a los niños
por toda la casa. Lo que nadie sabía era que la anciana no era
una anciana ,porque los niños habían descubierto que en
el laboratorio secreto había pócimas y muchos frascos y
hierbas. Intentaron salir de la habitación pero no encontraban
la salida. Después de buscar por todos los recovecos vieron un
botón grande que se encendía y apagaba. Cuando la niña
apretó el botón todas las luces se encendieron y apareció
mucha gente cantando a Juan el cumpleaños feliz. Era un programa
de televisión que habían contratado sus padres para felicitarle.
Juan y su hermana casi se mueren del susto pero cuando se recuperaron
pasaron un buen día con su familia y amigos.
“El cementerio encantado”
Hace cien años, un brujo lanzó una maldición sobre
un cementerio que por entonces era precioso, lleno de árboles y
hierba, en el que habitaban muchos pajaritos, pero cuando lanzó
la maldición el cementerio se volvió encantado. Me preguntaréis
cómo sé que estaba encantado; pues lo sé porque de
repente desaparecieron los árboles y la hierba y se volvió
tenebroso. Pasó un año y la maldición desapareció,
pero al cabo de cien años volvió de nuevo.
Cuando volvió la maldición se encontraban en el cementerio
la momia, el fantasma de la muerte…. Hablaban de ligar, asesinar,…
Un buen día a un esqueleto se le ocurrió conquistar un castillo
de un acantilado donde vivían unos niños. Los niños
se llamaban Miguel y Natalia. Ese día Miguel, cuando estaba en
la cama, le entraron ganas de beber agua. Tenía unos prismáticos
que podían ver a quinientos kilómetros de distancia. Cuando
acabó de beber agua, quiso ver por la ventana y vio a Frankenstein,
cien fantasmas, cuatrocientos esqueletos y mil zombies dirigiéndose
hacia el castillo a toda prisa. Miguel se quedó petrificado, soltó
los prismáticos y se fue corriendo a despertar a Natalia que estaba
dormida como un tronco. Cuando quisieron salir no podían porque
ya estaban los monstruos. Miguel empezó a hacer karate con los
ojos cerrados y Natalia, como una cobarde, se escondió. Al final
Miguel pudo huir pero los monstruos le siguieron y se llevaron a Natalia.
Con un aparato dejaron a Natalia petrificada e hipnotizada y le ordenaron
traer a Miguel. El experimento tuvo un fallo y Natalia se volvió
loca. Miguel encontró una cueva y se metió. Al final vio
tres esqueletos que tenían a Natalia capturada. Cuando quiso rescatarla
con sigilo le descubrieron Frankenstein y Drácula. Miguel de nuevo
huyó y se escondió en una cueva encantada que le convirtió
en esqueleto.
Al salir de la cueva todos los monstruos pensaron que era uno de ellos
y no pasó nada. Se acercó a Natalia, la cogió y escaparon
los dos. Natalia estaba muy asustada porque no sabía que el esqueleto
era Miguel, pero al salir de la cueva, Miguel volvió a su aspecto
normal. Se dirigieron al castillo para preparar trampas que harían
desaparecer a los cien fantasmas, cuatrocientos esqueletos y a los mil
zombies.. Prepararon perros hambrientos para los esqueletos, botes de
pintura y agua encima de las puertas para los fantasmas y para cazar a
los zombis pusieron cola de zapatero alrededor del castillo. Todas las
trampas funcionaron y los niños ganaron la batalla. Cuando salió
el sol ya no quedaba rastro de zombis, esqueletos y fantasmas.
Después de esta aventura, los niños se mudaron a una bonita
casa en el campo. Allí estuvieron hasta los veintinueve años.
Trabajaron como mineros. Un día trabajando en la mina vieron diez
fantasmas, cuarenta esqueletos y cien zombis y pensaron que algunos monstruos
habían conseguido escapar. Pero como ya sabían derrotarlos
hicieron lo mismo que la otra vez y los hicieron desaparecer.
Por fin Miguel y Natalia pudieron vivir en paz.
“Mi lado vampiro”
Era una mañana normal y corriente. Tenía mucha hambre y
abrí la nevera. Quería una chocolatina, pero no vi mi chocolatina.
Me pregunté a mi mismo dónde estaba. Cogí mi espada
láser para ir a ver si había sido mi hermano mayor. Fui
al cuarto de estar y le vi comiendo mi chocolatina. Le dije “¿Eres
tonto?” Me contestó que no y le respondí “Pues
lo pareces”. Empezamos a pegarnos, le hice daño con mi espada
láser, él no lloró pero se chivó. Mis padres
me castigaron. Yo les dije que no tenía la culpa, que había
sido mi hermano el que se había comido mi chocolatina. Nos castigaron
a los dos a estar todo el día en la cama.
Al día siguiente estábamos muy cansados, nos escarmentamos
e hicimos las paces. No me hizo ninguna gracias que por culpa de mi hermano
Pedro nos castigaran, por eso me juré a mi mismo que mi hermano
no me iba a quitar nada. Entonces guarde todas mis chocolatinas y caramelos
que me quedaban en una caja de zapatos que cerré muy bien con celo
y la puse en el armario de mis juguetes. Me puse a vigilarlo con la espada
láser en la mano.
Cuando se hizo de noche, me acosté con la espada intentando no
dormirme, pero me dormí. Cuando mi madre me despertó por
la mañana para ir al colegio, vi horrorizado que la puerta del
armario estaba abierta y la caja que contenía mis chuches había
desaparecido. Entonces pegué un grito, le dije a mi madre que mis
chuches habían desaparecido. Cuando fui con mi madre al armario
vi huellas que conducían a la puerta. Mi madre no hizo caso y se
fue. Yo seguí las huellas fuera de la casa y conducían a
una calle oscura. Decidí seguir las huellas en vez de ir al cole.
En el colegio salimos a las 16.30 pero volví antes para que no
sospecharan. Tenía en la mano algo raro, que era moreno y se cambió
a rubio. Al día siguiente volví a la calle oscura y llegué
al colegio con algo mas raro en las manos… Me habían salido
garras.
Mis padres empezaban a sospechar porque tenía deberes retrasados
y rompía muchos lápices con las garras. Al día siguiente
fue con sus hermanos pero como era de coche no vieron nada. Pero un día
después volví de día y vi algo moverse. Cuando regresé
a casa me habían crecido colmillos y me había convertido
en un vampiro. Mis padres me abandonaron y yo volví al sitio donde
me había convertido en vampiro. Llegue y podía ver en la
oscuridad; incluso sin gafas de infrarrojos, podía ver monstruos
y bestias y decidí quedarme con ellos ya que no podía regresar
a casa.
Por la noche pensé en cómo podía volver a ser normal.
Me metí en una alcantarilla y encontré mi espada láser.
En medio de la espada había un diamante. Lo intenté arrancar
para volver a ser normal pero no pude. Lo intenté sacar una y otra
vez con mis manos, con otras cosas, pero no había forma. Entonces
me fui a otro sitio a reflexionar sobre lo sucedido. Me eché a
llorar sin que nadie me viera. “Nunca conseguiré sacarlo”,
dije llorando. De pronto me llevé una sorpresa: el diamante había
salido. De repente ,en un abrir y cerrar de ojos ,me encontré en
la nada. Pude ver mi lado vampiro y me dijo “Para volver a ser normal
tienes que vencerme”. Empezamos a pelear, yo saqué mi espada
láser y él sus colmillos. Le clavé la espada láser
sin que se diera cuenta y explotó en pedazos. Regresé a
la normalidad, volví a casa y les día a todos un abrazo.
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