07 de enero de 2010
MARIPOSA DEL VIETNAM

Sara Crespo (2º Bach)

 

 

Hace unos años, una llamada la sobresaltó. Entonces comprendió que había perdido la piedra angular de su vida, que jamás volvería a verlo, que nunca pudo decirle un ‘te quiero’, que siempre le dedicaba palabras groseras, llenas de odio… Era la única persona que lograba darle fuerzas cuando sentía que ya no podía mas, y ahora, se había ido… Estaba sola.

Pasaron los meses, y como cada mañana, Nadia se levantó temprano, pero esta vez no iría a clase como acostumbraba, era uno de aquellos días en los que quería salir de la ciudad, en busca de aquella mariposa que la atormentaba en sueños… Porque sabía que esa sería la clave para dar con el siguiente paso a seguir, como si de la luz en la oscuridad se tratase.
Temblorosa, cerró la puerta de casa para no despertar a su madre, entonces, comenzó su viaje. Nada mas subir al autobús y mirar a través de la ventana recordó a Oscar, y sus ojos se empañaron. Pasaron unas cuantas horas hasta que volviera en si, el conductor la había despertado, habían llegado a su destino y ella debía dejar el asiento libre para quien ahora huyera de aquel inhóspito lugar.

Sonaba su canción favorita cuando caminando, llegó a una terraza con vistas al mar. Se sentó en un banco esperando aquella sensación que había ido a buscar, la brisa, el sol, el aroma fresco del amanecer… Pero no encontró nada… Al levantarse sintió que alguien la observaba, que gritaban alrededor pero no podía contestar, para cuando quiso darse cuenta se había desmayado.
Cuando se sintió con fuerzas, abrió los ojos y vio como un chico moreno le sostenía la mano, como llamaba a una enfermera para avisarle de que se había despertado, después de darse un fuerte golpe en la cabeza. Cuando Nadia iba a mirarle una vez más, el chico había desaparecido sin dejar rastro.

Una vez recuperada, recorrió toda la ciudad en busca de aquel chico, pero no logró encontrarle, así que fue a la playa esperando alguna señal.
Aquella misma noche durmió sobre la arena, abrazada a su mochila... Cuando el sol comenzó a asomarse por el firmamento, divisó una sombra a lo lejos.
Tenía que ser él, Álvaro, no podía ser otra persona.
Ambos se miraron, pero la calidez de su rostro contrastaba con la frialdad que mostraba Nadia, que con tan sólo una mirada, consiguió helarle la sangre. Agarró su mochila, y como pudo, salió corriendo. Cuando aminoró en paso, pensando que habría logrado despistar a aquel chico que la dejó sola en el hospital, alguien que había llegado corriendo desde la orilla, rodeó su cintura y la besó. En aquel momento Nadia sintió como todo se desvanecía, como la oscuridad en la que estaba inmersa se volvía una pradera verde, alejada de la civilización. No podía entenderlo, estaba esperando una señal y ocurrió aquello, ¿seria eso lo que le había estado buscando?
Álvaro estaba caminando hacia un bosque cercano, huyendo de sus pensamientos cuando la vio aparecer, estaba preciosa vestida de aquel color, verde, como sus ojos… Pero la falsa sonrisa que se dibujaba en su cara no parecía ser una buena señal. Cuando se encontraban mirando las estrellas, Nadia rompió a llorar. Intentaba ocultárselo hasta su marcha, pero no había sido capaz.
Le confesó que debía marcharse, que no podía seguir allí y hacer como que no pasaba nada, que todas las personas que la habían querido acababan pagándolo incluso con la muerte… y no soportaría que a él le pasara lo mismo.
Cuando Álvaro intentó contestar, Nadia se apartó de su lado y con la excusa de que le habían llamado por teléfono, salió corriendo en dirección a la estación.
Cinco minutos antes, cuando vio que la estaba llamando, apagó el móvil, y momentos después notó algo en el bolsillo de su pantalón. Era un papel arrugado que decía:
“ Te estoy viendo venir, y no te veo bien. Te veo triste, apagada, marchita… Se que por haberme marchado así del hospital no querrás decirme que te ocurre, que si decides dejarme aquí solo, lo entenderé. Por eso no voy a correr otra vez detrás de ti, eres libre, como una mariposa de Vietnam. Si estos días han sido tan intensos para ti como para mí, quema este papel y deja que se marche el autobús, te esperaré en la playa a medianoche. Esperaré...”
Álvaro


Nunca pensó que su corazón iba a acelerarse tanto, pero algo la impulsaba a dejar fluir toda aquella adrenalina que por fin corría por sus venas. No se lo pensó dos veces, fingiendo un desmayo, consiguió que la bajaran de allí, y corriendo llegó a la playa. Pero allí no vio a nadie.
Se sentó donde había dormido la noche y vio un cuerpo a la orilla del mar. No podía creerlo, llevaba la misma ropa… Se acercó lo más rápido que pudo y vio como el cuerpo de Álvaro se hallaba inconsciente. Tendida junto a él, notó como su corazón paraba de latir.
En ese mismo momento apareció entre las sombras aquella mariposa que la acosaba en sueños, posándose en su hombro, revoloteando alrededor de Álvaro, el recuerdo de Óscar volvió a resurgir… Y como por arte de magia, Álvaro abrió los ojos y le dijo: - Alguien me dijo en sueños una vez que aparecerías, que yo sería la persona que te querría y te cuidaría… Nunca lo entenderé, pero también he visto aquella pradera verde, y tú estabas en ella.
De pronto recordó lo que había pasado años atrás…


* * *

Beeep! Beeep! Suena un móvil en medio de la noche.
Nadia se levanta sobresaltada, es el pesado de su hermano, siempre gastándole bromas de mal gusto… Esta vez contestaría, pero se prometió a si misma que jamás volverían a hablarse, nunca…

- Hermanita, soy yo…- Decía Óscar.

- Ya se que eres tú imbécil, ¿Qué quieres esta vez? ¿Casi te ahogas en la piscina? ¿O tal vez te has perdido en un bosque vietnamita mientras pensabas en mis amigas? –Contestó Nadia recordando lo mal que se portaba con ella.

- Nos han atacado… El hotel está a punto de derrumbarse, me han disparado…

- Si claro, ahora me dirás que hay un atentado y que temes por tu vida… Me has mentido tantas veces que ya no puedo creerte nada más.

- Se que te he hecho mucho daño al ocultarte que papá engañaba a mamá, en no ayudarte cuando lo necesitabas, en reírme de ti cuando tú llorabas… Pero te quiero…Cuidaré de ti como jamás lo hice…

- Óscar, déjate de tonterías y no mientas más diciéndome que me quieres…

- ¿Es usted familiar de Óscar, turista español, que se encontraba de vacaciones en Vietnam? – Pregunta una voz extraña.

- Soy yo… Su hermana…¿Qué ocurre? ¿Es otra de sus bromas, verdad?

- Soy el jefe de policía J. Santos. Debo informarle que su hermano acaba de fallecer, estaba en el gran jardín del hotel donde se hospedaba cuando un avión de guerra pilotado por narcotraficantes pasó por la pradera trasera del hotel, no pudo huir…Acababa de capturar una mariposa negra…En la caja pone su nombre... pero se escapó y no pudimos recuperarla, lo sentimos…


Nadia colgó el teléfono.
Desde ese momento se siente culpable de su muerte.
Ahora lo busca en cada esquina, en cada calle… de cada ciudad…


* * *


Entonces se despertó.
Aquel día emprendía un viaje que, esperaba, le diera las respuestas de aquello que buscaba. Tenía que encontrar a alguien, alguien que la cuidara, alguien a quien acudiera esa misteriosa mariposa, que le recordaba a Óscar.
Cerró la puerta temblorosa para no despertar a su madre, entonces comenzó un nuevo día, una nueva aventura que la llevaría a la costa… Pero tenía la sensación de que ya lo había vivido… Llegó a su destino, el conductor la sacó de sus sueños, se desmayó, y lo primero que pareció ver fue a un chico alto, moreno, con una mirada cálida… tenia la impresión de que ya sabía cuál iba a ser su próximo paso.
Esta vez no sentía miedo, no estaba sola… Simplemente, sonrió y prometió dejarse llevar hasta el final… Era feliz… Lo demás estaba de más.

 

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