07 de enero de 2010
CUENTO DE NAVIDAD
Paloma Gascón (3º ESO)

 

 

Esta historia tiene lugar en una ciudad no muy grande. Tenía una Iglesia, un ayuntamiento, su centro comercial, sus pequeñas tiendas y casitas.

Era una fría mañana de invierno y había una cosa que no ocurre todos los días: esa noche había nevado. Todos los tejados estaban blancos, unos niños estaban haciendo muñecos de nieve y otros guerras de bolas, los adultos retiraban la nieve, las placas de hielo del suelo y las estalactitas de los tejados, el personal de limpieza del ayuntamiento esparcía sal. En una de aquellas casitas, se percibía un olor a tostadas y a café recién hecho. Eso y un pequeño golpe en la puerta hizo que Lucía se despertara. Era Gabriel. Él le llevaba el desayuno. Gabriel se dejó caer en la cama suavemente y Lucía se levantó para estar a su lado.

¬¬¬¬¬ Lucía es una chica alta, delgada, morena, de pelo castaño, ojos marrones, inteligente, carácter fuerte y cariñosa. Cuando alguien le discutía una idea contraria a la suya ella no daba su brazo a torcer, es decir era bastante cabezota y nunca tuvo problemas para congeniar con la gente. En cambio Gabriel era más reservado, más tímido. Él era muy inteligente también pero le costaba estar con la gente.

Ambos se complementaban. Con una mirada se entendían. Además había una cosa muy extraña entre ellos dos y era la forma en la que se movían uno alrededor del otro. Era como si él fuera el centro para ella y ella el centro para él. Cuando uno de los dos se movía, por muy poca distancia que fuese, el otro rectificaba su posición automáticamente con respecto al otro. Era como si fuesen imanes o algo similar.

El 23 de Diciembre, hacía frío y los tejados y los picos de las montañas estaban nevados. En las calles había un olor a pan recién hecho, a churros y a chocolate calentito. Como cada día, Gabriel se levantó, se lavó y mojó el pelo, preparó el café y las tostadas, las puso en la bandeja y se las llevó a Lucía. Ella se incorporó, agarrando la sábana, para darle un beso. Él se tumbó a su lado y tomaron el desayuno juntos. Después se vistieron y se fueron al trabajo.

Lucía era abogada. Tenía su propio despacho no muy lejos de su casa; en cambio Gabriel era arquitecto y aunque en esta época del año trabajaba mucho para terminar los proyectos ya iniciados antes de final de año, ahora con la crisis el trabajo escaseaba así que tenía varios trabajos. Ahora estaba trabajando en una empresa de árboles de navidad, concretamente pinos, de todos los tipos y tamaños. Su jefe era muy testarudo y le exigía mucho más de lo que él podía.

Ambos llegaron a sus respectivos trabajos. Lucía tenía un juicio a primera hora de la mañana por el atropello de una vaca que según su defendido debía estar en el cercado y no en medio de la carretera. Y Gabriel llegó, se quitó el abrigo y se puso una cazadora, cogió el hacha y la camioneta y se fue al bosque a cortar pinos. Tras una dura jornada, Lucía tenía que salir de compras, ya que quería comprar el regalo de navidad de Gabriel pero no tenía el suficiente dinero así que pensó en hacer horas extra. Y así fue. Allí se quedó, a la espera de la llamada de algún cliente.

Gabriel descargó todos los pinos en la empresa. Pero él aún no había terminado su trabajo, aún le quedaba una hora. Entonces apareció una señora mayor que quería un árbol para sus nietos. Gabriel, muy amable, le sacó el que creía que le vendría mejor. Y mira si acertó que a la hora de pagar la señora le dio una buena propina. Se alegró tanto que pensó que podría comprarle con eso el regalo a Lucía. Iba a preguntarle a su jefe si podía salir del trabajo antes pero entonces lo vio con una familia y pensó que no debía interrumpirle y decidió esperar a que terminara, pero, de repente, escuchó algo que no le gustó demasiado. El padre decía que no tenía suficiente dinero para pagar un árbol muy grande y que quería uno pequeño y el jefe intentaba venderle uno de los más grandes que tenía y que costaba mucho más de lo que podía permitirse esta familia. Así las cosas salió Gabriel con un arbolito acorde a sus necesidades y a sus gustos. Y se lo compraron pero el jefe cogió tal enfado que lo despidió por entrometido y por vago.


¿La historia de los regalos? En realidad esta historia comienza cuando Lucía y Gabriel apenas tenían los diez años cumplidos. Los padres de los dos hacían un viaje y los pequeños se quedaron al cargo de una de sus vecinas. Pero a la mañana siguiente una noticia inesperada aterrorizó a los chicos. El avión en el que viajaban sus padres había tenido un accidente y muchos de los viajeros habían muerto. Los chicos estuvieron toda la mañana pegados al teléfono hasta que la maldita llamada llegó. Fue la llamada que les marcó la vida y las que les unió hasta hoy. Sus padres habían muerto. Por eso están tan unidos porque el uno cuido del otro. Pero aquí no termina la cosa, hubo varias cosas que les quedó del accidente de sus padres.

A Gabriel le quedó una armónica de su padre y a Lucía un reloj de bolsillo de su madre, que para ellos eran las cosas más valiosas y preciadas del mundo entero. Y él había encontrado una hermosa cadena de oro para que Lucía pudiese lucirla colgada de su cuello. Además,Lucía había visto una preciosa caja para que Gabriel pudiese guardar su armónica, pero ambos no tenían el dinero suficiente para comprar dichas cosas.

Gabriel estaba en la calle y sin dinero suficiente para comprar el regalo. El día se acababa y decidieron irse a casa. Lucía preparó la cena y Gabriel puso la mesa. Se sentaron pero ninguno de los dos se atrevió a preguntar por su regalo. Aunque los dos coincidían en varias cosas que los regalos iban a ser muy bonitos y que no tenían dinero suficiente para comprarlos. Pero había una cosa que no querían decir y era que este año no iba a haber regalos. Tanto Gabriel como Lucía eran capaces de hacer lo imposible por el otro.

El día 24 y como hacía diariamente Gabriel le preparó el desayuno a Lucía. Después al trabajo, bueno los dos no. Gabriel no sabía cómo afrontar esas navidades. Cogió el abrigo y su armónica para no levantar sospechas y se echó a la calle. Caminó y caminó durante toda la mañana y casi toda la tarde buscando alguna oferta de trabajo, hasta que aburrido se sentó en la acera de la calle.


Lucía estaba en su despacho haciendo cálculos, sumando cantidades, comparando recibos, revisando casos ya hechos o preparando casos que tenía que hacer cuando de repente sonó el timbre. Debía de ser el cliente del juicio del otro día, que venía a pagarle. Y así era, le pagó y Lucía fue corriendo a su despacho a contar el dinero cuando vio que no tenía lo suficiente para el regalo. Visto esto, dejó el despacho y se echo a la calle. Tenía una idea. Primero fue a un relojero y después a una tienda de música.

Gabriel cogió su armónica y se puso a tocar una melodía que le había enseñado su padre. De repente los niños se quedaron parados delante de él, después de los niños fueron sus madres y luego los señores mayores. Todos empezaron a tirarle monedas. Él, atónito siguió tocando. No paró ni para respirar. La gente se paraba, le escuchaba, metía la mano en el bolsillo, sacaba una moneda, se la tiraba y proseguía su camino. Hasta que hubo un momento que ya nadie le echaba. Se puso a contarlo y vio que no tenía el dinero suficiente para el regalo, pero tenía una idea. Decidido fue a un joyero, pero llegaba demasiado tarde; el dueño de la tienda estaba cerrando. Gabriel le preguntó si podía intercambiarle una cosa pero el dueño le respondió que ya había cerrado. Éste, desconsolado, se sentó en la acera y empezó a tocar la misma melodía de antes. El dueño, al oírlo se lo pensó mejor y volvió a la tienda y le dijo que a lo mejor podía hacer una excepción.

Gabriel llegó primero a casa. Se aseó, preparó la mesa con sus velas y sus flores y puso el pollo al horno. Acto seguido llegó Lucía que se aseó, se vistió, se maquilló y se sentaron a la mesa. Mientras cenaban ninguno de los dos se atrevió a decir palabra. Terminaron y optaron por sentarse en el sofá a la luz de la lumbre.

Ya sentados, decidieron abrir los regalos. Los abrieron los dos a la vez. 1, 2, y... ¡¡3!! Al abrirlo los dos se llevaron una gran sorpresa. El regalo de Gabriel era una caja para la armónica y el regalo de Lucía era la cadena de oro para el reloj. Pero lo peor de todo esto era que los dos habían empeñado lo que más querían para comprarle el regalo al otro. De repente, los dos se rieron a carcajadas a la vez. Y se prometieron que intentarían recuperar lo antes posible los objetos empeñados y también les hizo pensar
que no importan los regalos, importa el tiempo que puedas pasar con tus amigos y seres queridos y, sobre todo, que lo disfrutes.

 

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