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14 de enero de 2010 |
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Me había mudado a Badajoz con mi familia por asuntos del trabajo de mi padre. Antes vivía en Alicante. Tampoco me daba mucha pena irme a otra ciudad nueva ya que no tenía muchas amigas. Tenía doce años e iba a empezar primero de la ESO en un colegio llamado “Virgen de la Fuente”. Mi madre me dijo que ese colegio era muy grande y que había muchas actividades, yo me apunté a ballet porque había hecho durante cuatro años, se me daba bastante bien y además podía compaginarlo perfectamente. Al llegar a la casa que sería nuestro nuevo hogar, me di cuenta
que era muy grande y luminosa. Ese día estábamos todos nerviosos,
en especial yo, porque al día siguiente iría al nuevo colegio.
Le comenté a un profesor que era nueva y le pregunté a que clase tenía que ir, y en ese momento pasó por al lado una niña alta, delgada, con ojos negros, y el profesor me la presentó, se llamaba Mell. Le dijo que me enseñara todo. Me llevó a las aulas, me presentó a los profesores y a los alumnos, y también me pregunto que si hacía alguna actividad extraescolar. Le dije que me iba a apuntar a ballet. Ella también hacía. ¡¡Qué casualidad!! En el comedor todos los niños me miraban y algunos se me presentaban. Yo estaba extrañada de que fueran tan amables conmigo ya que en el otro colegio no me hacían tanto caso. Debía ser por la novedad. En clase, el profesor me hizo algunas preguntas de Geografía de España que yo respondí con facilidad, ya que me gustaba conocer el país en el que vivía. Al acabar el día me fui al estudio de ballet, que se hallaba a unos metros del colegio, pero pertenecía a él. Me fui con mi nueva amiga Mell. Nos hicieron una especie de prueba para ponernos en grupos; mayor, intermedio o menor. A mi me pusieron en el grupo mayor con Mell y dos chicas más llamadas Clarisa y Tiss. También eran muy divertidas y amables conmigo. Hicimos piruetas y estiramientos. Al terminar me fui a casa andando con Tiss ya que casualmente era mi vecina. Vivía en el mismo bloque que yo, y acordamos irnos juntas por las mañanas. Al llegar a casa mis padres me preguntaron qué que tal me había
ido el día, qué si había conocido a niñas
y más cosas así. Cuando estaba en mi cuarto tendida en la
cama pensé en lo bien que me habían aceptado y en la suerte
que tenía de tener una amiga como vecina. Estaba nerviosa de lo
que me esperaría al día siguiente, pero al final me dormí
pensado en el que había sido mi primer día de colegio. Un perro sin correa aullaba tristemente mientras escarbaba en el suelo. Las tres muy despacio, fuimos acercándonos. El perrito había encontrado algo, era una lata de conservas con los extremos de metal bastante puntiagudos. Clarisa la cogió ya que era la más valiente de todas, la abrió y se cortó en el dedo. Como no teníamos nada para curarle cogí un pañuelo y le hice un nudo fuerte para que no le saliera sangre. Y finalmente conseguimos abrir la lata completamente. Había una llave. Sobresaltadas nos fue entrando miedo poco a poco ya que estábamos en mitad de la noche. -No pasa nada chicas, tan solo es una llave, una llave cualquiera. Empezamos a pensar de donde podría ser la llave. Concluimos que
los dos lugares importantes en Badajoz para esconder algún tesoro
eran... el cuarto donde se encontraban los materiales de construcción,
porque solo entraban los obreros, y un cuarto del Ayuntamiento que siempre
estaba cerrado y había un cartel que ponía: “PELIGRO,
NO PASAR”. -¡Claro! La caja fuerte del banco. He oído en las noticias
que han sido robados 100.000 euros. - ¡Hija, despierta!- Mi madre me agitaba con sus manos en la cama. Al llegar a clase les conté a mis amigas la aventura que habíamos
tenido en sueños. |
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