I
EL EXTRAÑO GEMIDO (por Alejandro Villota)
Era una noche oscura y con un cierto aire tenebroso en Cybernet, un pequeño
pueblo, tan alejado de toda civilización que ni sale en los mapas.
Angus, un chico de trece años, se levantó de un brinco al
oír un escalofriante gemido proveniente del salón de su
casa. Una casa de tres plantas. En la primera, la cocina, el salón
y un baño; en la segunda, los dormitorios y otro baño; y,
por último, el desván. En ella vivían él y
sus padres.
Angus bajó, todo lo rápido que pudo, las escaleras que les
separaban del salón, a pesar de su reciente caída de bici
días atrás. Cuando llegó abajo y descubrió
a su madre tumbada en el sofá, con las manos apretándose
el cuello, ya sabía de dónde provenía aquel grito.
-Mamá, ¿estás bien?- Judith, su madre no le respondía.
Angus, tan veloz como siempre, cogió el teléfono y llamó
a su padre, que aún estaba trabajando, pero él tampoco le
contestaba. Así que, sin pensárselo dos veces, llamó
a la policía. En menos de cinco minutos los agentes llamaron a
la puerta y Angus abrió.
-Hola ,buenas - dijo el primer policía- ¿Qué ocurre?
-Es mi madre-, dijo llorando el niño-. No sé qué
le ha pasado, cuando estaba en mi cama oí un grito, bajé
corriendo y la vi así.
Angus no solía llorar, ya que pensaba que sólo se llamaba
la atención. Él solía decir que “lloraba por
dentro”. Era de estatura media, pero eso sí, mucho más
fuerte que los demás, de pelo largo y castaño, ojos verdes
divididos por una nariz prominente, y una boca pequeña. Siempre
solía llevar una camiseta de colores oscuros, vaqueros y unos zapatos
altos. Le encantaba la música y siempre que la escuchaba se animaba
y tocaba la guitarra.
Los policías se acercaron al sofá y mandaron a Angus a su
cuarto. Después de tres eternas horas en las que cada vez se oía
entrar a más y más gente, su padre, James, no llegaba. Era
ya medianoche y hacía una hora y media que debería haber
llegado.
El policía llamó a Angus. Éste, angustiado, empezó
a preguntar:
-¿Qué ha pasado? ¿Quién ha sido? ¿Por
qué? ¿Cómo?...- preguntó, sin pensar, Angus.
-Los forenses me han comunicado que la causa aparente de la muerte de
tu madre es un suicidio por asfixia-, informó el agente Johnson.
-Pero…
-Lo siento, ¿tienes a alguien con quién quedarte?, preguntó
Johnson.
-Sí, con mi padre, James-, respondió el chico-, pero todavía
no ha llegado. Trabaja en un banco que está en la siguiente calle.
-¿Es tu padre Hendrix, el señor James Hendrix?-, preguntó
el agente preocupado.
-Sí, ¿por qué? ¿Pasa algo?- preguntó
intrigado y con nerviosismo.
-Me acaban de informar…
-¿Qué ha pasado? ¡Venga, siga.!-, interrumpió
Angus.
-…me han informado de que tu padre…
-¿Mi padre qué?
-…que al parecer tu padre también se ha suicidado de la misma
forma.
-¡No! ¡No puede ser!- se lamentó Angus-. Esto no está
pasando, no a mí…
Después de una incansable hora de llantos e intentos de consolación
le llevaron con sus tíos. Un buen día, tres meses más
tarde, tumbado en la cama, cayó en la cuenta de que no le habían
llamado y que le habían dejado dormir. La anterior noche era la
única que había podido concebir el sueño sin pesadillas
y sin despertarse por primera vez. Llevaba una larga hora pensando hasta
que decidió investigar por sí mismo. No estaba de acuerdo
con lo del suicidio de su padre. Pensaba que había sido alguien
que tal vez se quisiera vengar por algún asunto relacionado con
el banco de su padre.
II
PAUL MORCH (Por Jaime Utrilla)
Entonces decidió que para empezar a investigar lo primero que debía
hacer era volver a su casa para ver qué era lo que de verdad había
matado a sus padres.
Al día siguiente, al salir de la escuela, fue a su casa pero cuando
llegó al jardín le vino a su cabeza la imagen de su madre
con las manos en la garganta. Y esto le entristeció , pero aún
así pensó que ya era un hombre y que tenía que encontrar
respuestas. Entró en casa por la puerta de atrás para que
los vecinos no le vieran. Al entrar en la cocina se percató de
una carta que había al lado de la tostadora.
Rápidamente la abrió y decía así: " James
te escribió porque han secuestrado a mi hija Mary y me piden un
millón de dólares. Te pido que me los consigas, por favor.
Utiliza tu puesto en el banco. No puedo pagar y me han dicho que si dentro
de una semana no doy el dinero la matarán". Vio que estaba
firmado por Paul Morch. Se acordó que éste había
sido amigo de su padre pero con el tiempo esta amistad la habían
perdido.
Pensó que lo mejor era ir a ver a Paul. Angus salió de casa
y se dirigió a casa de sus tíos. Allí le preguntó
a su tío Mark por Paul Morch. Él le dijo que había
sido amigo de su padre pero se había mudado a Marnet que estaba
a veinte kilómetros de distancia de Cybernet. Angus pensó
que él sabría quién había matado a sus padres,
por lo que creyó que lo mejor era ir a visitarle.
Velozmente se fue a la estación a ver si había algún
tren que fuera a Marnet y le dijeron que sí, que había uno
ese sábado, que era mañana. Él no se lo pensó
dos veces y compró el billete. Volvió a casa de sus tíos
y se preparó el equipaje. Cogió una mochila y se metió
la carta, una gorra, un jersey, su Ipod, una linterna y una navaja.Entonces
le dijo a su tío Mark que el sábado y el domingo se iba
a casa de un amigo. Su tío le dijo que le parecía muy bien.
Angus se levantó a las cinco de la mañana se vistió
y se fue rápidamente a la estación ya que el tren salía
a las seis y tenía que están un cuarto de hora antes…
III
CAFÉ DOLBY (Por Alfonso Buisán)
…Llegó a la estación. Angus estaba muy nervioso porque
Paul le podía dar la pista clave para resolver el asesinato de
sus padres.
Se presentó en casa de Paul Morch y no había nadie. Miró
por todos los rincones de la casa y lo único que descubrió
fueron recetas de somníferos. Miró la firma del médico
y el médico se llamaba Raúl Morch. Fue a visitarle a la
consulta y Raúl le explicó que Paul estaba muy enfadado
con sus padres porque no le habían conseguido dar el dinero y había
perdido la conexión con los secuestradores de su hija. También
Paul estaba tomando somníferos para poder dormir, ya que estaba
todo el tiempo con pesadillas. Raúl también le contó
que Paul se reunía semanalmente con una persona en un café
llamado Dolby y esa persona le contaba cosas sobre su hija.
Angus se despidió de Raúl y se fue. Angus pensó,
: “¿ dónde estaría ahora mismo Paul?; quizás
si encuentro a su hija pueda hablar con él y me podrá contar
todo lo que sabe sobre mis padres, y espero que sea suficiente porque
me llevará mucho tiempo encontrar dónde está secuestrada.”
El domingo por la tarde llegó a casa de su tío Mark. En
la cena mantuvieron una conversación algo extraña. Como
su tío era muy locuaz, empezó la conversación.
-¿Qué tal en casa de tu amigo? - Bueno, pensando todo el
rato en papá y mamá.
-Sobre ese tema quería hablarte. Creo que debes ir olvidándote
de tus padres. Sé que estás intentando convencerte de que
no fue un suicidio y quieres buscar a sus asesinos, pero el problema es
que no los hay. Deja el tema y olvídate.
¿Cómo le podía decir su tío que olvidara a
sus padres? Se quedó anonadado y siguió cenando.
Al día siguiente, Angus le dio muchas vueltas a lo de su tío
y pensó que quizás supiera algo. Pero eso tendría
que esperar. Ahora tenía que ocupar todo su tiempo disponible en
buscar a la hija de Paul, luego pensaría en qué hacer con
su tío.
Fue al café Dolby para ver si podía averiguar algo de los
empleados. Preguntó si alguno había visto a dos hombre reunirse
semanalmente. Un empleado dijo que sí, pero que iban tapados y
lo único que le podía decir era que uno de los dos llevaba
barro en los zapatos y parecía un poco sucio. Angus le preguntó
si los había vuelto a ver y el camarero le dijo que no. Angus se
quedó un rato hasta que vio entrar a un hombre algo sucio y con
zapatos embarrados. Cuando salió le siguió y le condujo
hasta un chalet a las afueras de Cybernet…
IV
SAN MIGUEL (Por Pablo Sánchez)
Esperó varias horas a que se marchara y cuando vio que abandonaba
el chalet entró por una ventana rompiendo el cristal. Había
restos de comida de hacía varios días, pero ni rastro de
la niña. Encima de una mesa vio unas llaves y un sobre con una
dirección; decidió cogerlo. Esa noche cuando llegó
a su casa buscó por Internet la dirección del sobre: “San
Miguel, 15” y la forma de llegar.
Al día siguiente decide saltarse las clases y seguir con la investigación.
Coge un autobús y cuando está en la calle San Miguel frente
al nº 15 recuerda que él ha estado allí con su padre.
Comprueba una por una las llaves y al final puede abrir el portón.
Una vez dentro se da cuenta de que allí no ha estado nadie desde
hace mucho tiempo: una capa de polvo cubre todos los muebles y objetos.
Pero ve una foto que le llama la atención: en ella está
su padre, su tío y un hombre mayor que ellos, pero no recuerda
haberlo visto nunca. Oye ruidos, se asusta y decide llevarse la foto.
Cuando llega a casa, su tío le espera muy enfadado, ya que le habían
llamado del colegio para contarle que Angus no había asistido a
clase en todo el día. Él intenta explicarle a su tío
dónde había estado y por qué pero su tío todavía
se cabrea más cuando oye “San Miguel 15” Acaban discutiendo
y al final le enseña la foto que había cogido. Su tío
se queda blanco y le dice que suba a su cuarto que tiene que realizar
una llamada y después le explicará lo que él sabe.
Al rato subió a su cuarto y le dio un número de teléfono
diciéndole que allí le aclararían con qué
tipo de personas se relacionaba su padre. Angus le dio las gracias y esa
noche durmió por primera vez pensado que estaba muy cerca de dar
con el asesino de sus padres.
V
UN NUEVO MIEMBRO EN LA FAMILIA MORCH (por M. Carmen Gª Martearena)
A la mañana siguiente, cuando Angus se despertó, decidió
llamar al número de teléfono que le había entregado
su tío la noche anterior. Impacientemente agarró el teléfono
y marcó el número, esperando que alguien le atendiese. Una
voz algo áspera le saludó. A Angus le entró un pequeño
escalofrió al oír su nombre. “¿Cómo
podía saber mi nombre?; esto es cada vez más extraño”,
se decía. La voz, al otro lado, dijo que se encontraría
con él a las 4 en punto en la boca de la entrada del metro, salida
al parque; y sin decir nada más el hombre colgó.
Angus estaba nervioso. Quizás el hombre fuera la respuesta al supuesto
suicidio de sus padres y quizás al secuestro de Lidia Morch.
Llegaron las 4 menos cuarto y Angus, que ya estaba listo desde las 3.15,
salió corriendo de su casa, olvidándose las llaves dentro.
A las 4 en punto, tal y como le había dicho aquel hombre sin nombre,
Angus ya estaba allí con una navaja en el bolsillo, para evitar
algún posible percance…
Esperó. Minutos que se le hicieron eternos, hasta que finalmente
un hombre, vestido de chándal, con una mochila y un casco en la
mano, se sentó a su lado.
-Hola Angus, me llamo Alfred Morch. Tengo entendido que estás
intentando localizar a mi ahijada e intentando averiguar la razón
del suicidio de tus padres ¿Verdad?
Angus no podía contestar. Lo intentó y lo intentó…,
tomó aire y un simple “sí”, salió de
su boca.
-Yo puedo ayudarte…
-Y ¿cómo?, si puedo saberlo.
-Verás, hace mucho tiempo que apenas como y que no rio desde el
secuestro de mi querida sobrina…necesito saber dónde está.
-Bien… ¿Y qué hay de mis padres?
-Esa es la otra parte del trato que te quiero proponer… Si consigues
localizar a Lidia, yo te daré la pista clave que necesitas para
averiguar todo lo que quieras sobre tus padres.
-No, por favor, dígamelo ahora, necesito saberlo.-
Angus no podía dejar pasar esta oportunidad, pero, aunque se comía
de rabia por dentro, aceptó el trato y le estrechó la mano
al tío de Lidia. Éste concluyó:
-He de retirarme, tengo cosas urgentes que hacer…te esperaré
mañana aquí a las 9 en punto. No faltes, te lo ruego. Y,
por cierto….tráete la navaja que llevas guardada en el bolsillo.
El hombre se dio la vuelta, y se alejó lentamente.
Angus empezó a repasar todo lo que había ocurrido; aquello
parecía un libro de suspense de Agatha Christie, una horrible pesadilla.
Empezó a llover. Cogió sus cosas y se marchó a su
casa.
Una vez allí, se dio cuenta de que no llevaba las llaves…
Aporreó furioso la puerta, mientras se calaba hasta los huesos,
pero nadie abría. Se acordó de que sus tíos iban
a cenar fuera y como era viernes tardarían más de lo normal.
Así que se sentó en las escaleras de la entrada y se puso
a meditar sobre lo ocurrido desde el fallecimiento de sus padres. La lluvia
no cesaba…
Mañana averiguaría más cosas. Tenía decidido
preguntarle a Alfred por qué quería llevarse a su sobrina
consigo y por qué tenía tanta supuesta información
sobre sus padres. ¿Tendría él la respuesta a sus
preguntas?
Finalmente la lluvia paró y Angus se quedó dormido, vencido
por el sueño y el cansancio, recostado sobre su mochila, a la luz
de la luna.
VI
LABORATORIOS ALACÁN S.L. (Alfonso Buisán/Daniel Camón)
De repente, Angus se despertó oyendo el ruido del motor del Land
Rover de su tío Mark. Angus ,sin pensarlo dos veces, empezó
a seguir a su tío con cautela. Vio que su tío abrió
las puertas del garaje y metió el coche por si volvía la
lluvia. Mientras estaba escondido detrás de un caja de juguetes
viejos, se percató de que su tío entró por una puerta
que Angus nunca habría podido ver ya que estaba detrás de
una librería medio rota. Cuando casi se estaba cerrando consiguió
meter los dedos e impedir que se cerrara. Era una especie de sótano,
muy sucio y desordenado. Bajó las escaleras sin hacer ruido; se
tumbó y consiguió echar un vistazo a lo que estaba haciendo
su tío. Éste había entrado en otra habitación
que tenía una ventana con rejas. A Angus le asaltó un pensamiento,
“es una cárcel”. En cuanto su tío cerró
la puerta del cuarto, se puso detrás de la misma e intentó
mirar por las rejillas. Oyó que hablaba con una chica pequeña
y él ,muy nervioso, decidió mirar por la rejilla y vio a
una niña que estaba de espaldas. La niña se giró
y, de repente, vio a Lidia Morch. La tenía su tío, pero
¿por qué? y ¿por qué estaba encarcelada? Al
ver a Lidia se asustó y salió corriendo y si una cosa tenía
clara era que no podía confiar en su tío. Apenas pudo dormir
en toda la noche.
A la mañana siguiente Angus se despertó a las 8:45. Cuando
se dio cuenta de la hora que era se vistió, desayunó , se
mojó un poco el pelo para peinarse y se fue corriendo, ya que había
quedado con Alfred Morch a las 9:00. Cuando llegó a la calle San
Miguel vio a Alfred sentado en un banco. Se acercó y se sentó
en el mismo banco. Angus estaba muy nervioso y le empezó a contar
que su tío tenía a su sobrina en un sótano de garaje.
Alfred no se lo podía creer que un amigo de la familia Morch les
hubiera traicionado de esa manera. Se preguntaba qué pintaba Mark
en todo este asunto. Algo que estaba claro era que el secuestro de Lidia
y el suicidio de sus padres estaban relacionados; ahora sólo tenía
que encontrar qué o quién era lo que unía todo. Angus
le pidió a Alfred que le contara lo que sabía sobre sus
padres. Alfred le contó que lo único que le podía
decir era que sus padres estaban en bancarrota y a causa de esto tuvieron
que recurrir a un trabajo ilegal: probaban los nuevos medicamentos de
un famoso laboratorio farmacéutico. El laboratorio se llamaba Laboratorios
Alacán S.L. Angus se despidió de Alfred, se dieron los teléfonos
y se fue corriendo a un cibercafé que estaba al lado de la casa
de su tío.
Buscó información sobre el laboratorio farmacéutico
Alacán, y descubrió que esta compañía estaba
siendo investigada por supuestos experimentos con humanos. Bueno, al menos
ahora Angus y Alfred trabajarían juntos y conseguirían entrar
al sótano y liberar a Lidia y también buscarían una
respuesta al suicidio de sus padres. Dos preguntas daban vueltas en su
cabeza, ¿fue un error médico o los asesinaron? y ¿por
qué? Una cosa sí estaba clara: liberar a Lidia para que
les contara por qué la habían secuestrado. Llegó
a casa de sus tíos y se tumbó en el sofá. Pensó
en lo que haría por la tarde: llamaría y quedaría
con Alfred y trazarían un plan para rescatar a Lidia. Estaba impaciente
porque llegara ese momento y lo bueno era que ahora podía hablar
con alguien sobre este asunto, alguien en quien confiar, algo que hasta
ahora no había sido posible.
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