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19 de enero de 2010 |
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Señor director: Perdone que le moleste con mi e-mail, pero soy una de las muchas personas
que durante el día usan los servicios de transporte público
y le pido dedique unos minutos a mi carta. Me llamo Javier Marco, tengo trece años y vivo en una urbanización
de Miralbueno a la que me acabo de trasladar; antes vivía en Residencial
Paraíso y mi colegio quedaba a siete escasos minutos de allí,
(Corazonistas del Pº La Mina 4), pero ahora entro al cole a las 8:00
de la mañana y tengo que irme en autobús. La parada está
a seis minutos de mi casa y cojo el autobús de la línea
número 52, en Camino del Pilón – Enrique Val; es un
bus que le cuesta una eternidad llegar y pierde mucha frecuencia a medida
que pasan las horas. Tengo treinta minutos hasta mi colegio y he de levantarme
a las 6:30 de la mañana para estar allí a tiempo. Ese no
sería un problema si me acostara pronto, pero al salir del colegio
(14:30) entre la espera y el trayecto no llego a casa hasta las 3.30.
Además los días que a la salida del colegio, el autobús
de la línea 52 todavía lleva mayor retraso, tengo que coger
el de la línea 51 y hacer trasbordo en el “casetero”. Después, tengo que comer, estudiar, irme a entrenar a Stadium
Casablanca y aquí es donde está la gracia: cojo un autobús
de la línea 53 y bajo en la Romareda para hacer trasbordo a uno
de la 30, pero es que este bus llega en apenas un par de minutos. Y esa
es la razón de mi carta. Me gustaría que cambiara algún
que otro bus que pasa con mucha frecuencia y pusiera alguno en las líneas
que pasan con muy poca frecuencia, como la 52, por ejemplo; ya sé
que el 30 y el 23 llevan más personas que el 52, pero tampoco le
estoy pidiendo que quite todos los 30 y todos los 23, pero sí,
subir un par de minutos la frecuencia del 52 y bajar un minuto la del
30 y del 23. |
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