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23 de septiembre de 2009 |
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Puro colegio. Materia: lengua. Estamos dando algo de poetas y escritores. Hoy toca Shakespeare, menudo aburrimiento. Con las frases célebres. Menos mal que sólo quedan 5 minutos para irnos a casa… Llegó el correo. Un boletín de una residencia para ancianos,
facturas y demás. Me asomé con cuidado a la habitación
de mi padre procurando que no despertara. Allí estaba: recostado,
inerte, ovillado entre las mantas y con los ojos medio abiertos. Añoraba
el tiempo en el que los dos reíamos sin cesar y planificábamos
la vida de los presentes con numerosos planes que satisfacían a
todos por igual. Tenía cincuenta y siete años y aún le quedaba mucho por delante; ¿por qué se encerraba en sí mismo? Yo era su hijo, el único e inimitable y necesitaba verlo activo, no ver cómo su vida se iba esfumando, poco a poco, sin poder hacer nada que pudiera evitarlo. Antes me miraba con una cara de satisfacción aunque no me susurrara o me contase nada, se le veía feliz…y ahora, de repente…Papá cerró la puerta, cogió una chaqueta y salió de casa. Desde que existía esta situación, él había olvidado sus deseados desayunos y salía de casa cuanto antes, sabiendo que volvería también lo más temprano posible. Consciente de esta situación mientras conducía de camino al trabajo pensaba en alguna solución, pero poco alentadoras la mayoría de ellas: había comprado una pantalla plana para que ver la televisión le resultara como ir al cine, había renovado la radio para que el sonido fuese perfecto, compró juegos de mesa, sudokus, pasatiempos, libros… Se preguntaba qué más podía hacer… ¿Qué era lo que le estaba ocurriendo? Necesitaba algo que le distrajese, que mientras él estaba trabajando lo llevase a otros sitios sin moverse de casa, que le hiciera comunicarse, algo con lo que pudiera expresarse…Últimamente había estado tratando de conectar conmigo pero desde hace ya un tiempo era como si todo a su alrededor estuviera inerte, como si no existieran las palabras. Jamás me hubiera imaginado que mi padre ya no fuera el de antes. Echaba de menos aquellas noches cuando nos relataba sus aventuras de niño, su comienzo. La verdad es que mi padre ha sido y será siempre un buen escritor pero, desde hace unos años mi padre se ha comportado de forma extraña, como si le pasara algo y no quisiera contármelo. Cada vez más, aquello me daba vueltas en la cabeza. No lograba saber qué era lo que le ocurría y quise averiguarlo. Estuve toda la noche investigando con libros tomados prestados de la biblioteca...No conseguí encontrar nada de lo que le ocurría a mi padre y es que, todos los libros y tratados sobre la decepción, las depresiones y otras enfermedades similares no me habían resuelto nada. De repente, un cuaderno cayó de la mesa. Era, sin lugar a dudas, la residencia. Ojeé las páginas de aquella libreta. Contenían una información que yo buscaba y que, en parte, me daba alguna pista sobre la situación. ¿Cansancio, nervios, la depresión, las ganas de entretenerse…o se estaba haciendo viejo? No, no podía ser. Sin duda, se estaba volviendo más sabio. ¿o quizás aburrido? No lo sé. Lo único que sé es: Las palabras están llenas de falsedad o de arte; la mirada es
el lenguaje del corazón. |
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