02 de febrero de 2010
La pesadilla de Dorotea

Idoia Baigorri (2º ESO)

 

 

Os voy a contar la historia de Dorotea y su gran pesadilla la víspera del cumpleaños de Simón.

Simón iba a cumplir cinco años y sus padres decidieron prepararle una gran fiesta a la que invitaron a todos sus amigos y familiares. Sus padres iban a comprar una gran tarta a la pastelería de la ciudad, cuando se encontraron con Dorotea, la vecina del cuarto. Dorotea es la vecina que todos tenemos, que de todo sabe y siempre está dispuesta a ayudar. Dorotea convenció a los padres de Simón de que ella se encargaba de preparar la mejor tarta de cumpleaños que habían probado.

La víspera de la fiesta, Dorotea compró todos los ingredientes y comenzó su pequeña pesadilla… Al cabo de un rato, cuando Dorotea ya tenía en un cuenco preparada la masa en una fuente de cristal con nata recién montada, una jarra con mermelada de fresa y otra de chocolate caliente, abrió las ventanas sin pensar que las pesadas moscas al olor del chocolate iban a acudir hambrientas.

De pronto un zumbido ensordecedor invadió la cocina. Dorotea levanto la vista y vio aterrada cómo unas gordas moscas se posaban en el chocolate. Giró la vista buscando un trapo de cocina para asustarlas pero con las prisas y los nervios confundió la esquina del mantel con el trapo, tiró con fuerza y…de pronto el chocolate y la mermelada volaron y cayeron al suelo. Dorotea asustada corrió a salvar los cuencos que volaban pero patinó, cayendo sobre la masa del pastel y mientras movía desesperadamente las manos para cazar alguna mosca. ( éstas ya habían desaparecido por la ventana).

Cuando Dorotea estaba ya tranquila dispuesta a limpiar el suelo y su cara, una sombra oscura pasó por sus gafas… ¡una mosca! Dorotea cerró la ventana y se encontró en un disputado combate. Al lado derecho de la mesa se encontraba la mosca de 2 gramos y a la izquierda ,y trapo en mano, Dorotea de 80 kilos. Se miraron fijamente. Objetivo: la jarra de chocolate… Un rato más tarde la cocina era un desastre, todo estaba por los suelos y el chocolate y la mermelada goteaban por las paredes, pero el zumbido de la mosca no cesaba. Dorotea, desesperada, optó por abrir la ventana y dejar salir a la mosca cuando ella lo quisiera y sin que nadie la oyera se fue a la pastelería más cercana y compró para Simón la mejor tarta que pudo encontrar.

El día de la fiesta, Simón se emocionó al ver la preciosa tarta, pero Dorotea explicó que no la había podido hacer ella y les contó su particular historia sobre “la mosca”.
Desde ese día Dorotea mandó colocar en todas sus ventanas “mosquiteras” para que no se volviera a repetir su temida pesadilla.

 

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