09 de febrero de 2010
¿El reino de la mentira?

José Luis Martín Morales

 

 

Casi nada es lo que parece.¿Carnaval permanente? Si al menos usáramos disfraces elegantes…Por favor, que manden de Venecia, cuanto antes, unos cargamentos de máscaras y que no pare la música. Al menos así se hará menos amarga la náusea que produce convivir con tanta mentira, rodeado de tanto engaño, soportando tanta falsedad…

Nos mienten nuestros representantes políticos todos los días y a todas horas, allí y aquí, a derecha y a izquierda, los pequeños y los grandes, los poco y los mucho representados, los inteligentes y los necios, los que tienen algo que decir y los que nunca debieran hablar porque no dicen nada; nos mienten muchos de los llamados agente sociales, quienes dicen hablar en nuestro nombre y sólo parecen defender el asiento al que se ha quedado pegado el pantalón tras años de ocupación; nos mienten ciertos empresarios – Moliére, vuelve, por favor, y reescribe tu obra - cuyos beneficios en estos tiempos que no corren es un insulto a tanto sudor y lágrima como caen a diario de los rostros de los más débiles incluidos pequeños empresarios que a duras penas se sostienen en pie y no se les cae la cara de vergüenza acumulando, exhibiendo riqueza o mirando para otro lado (el lado donde está depositada la usura) ; miente tanta gente con la que te encuentras a diario que te pueden dejar tieso en el paso de un semáforo y encima echarte la bronca por habérsete ocurrido suicidarte debajo de sus mugrientas ruedas de su coche de m…; nos mienten nuestros chicos, un día sí y otro también, cuando sorprendidos in fraganti haciendo una pequeña fechoría levantan las manos como Bart Sipmson en aquel capítulo antológico y te dicen: ‘¡yo no he sido!’.

Parece que la mentira, como el jamón y el cerdo del que procede son parte inseparable de nuestra identidad nacional, autonómica, local,…Si uno presta atención, en los días de más crudo invierno, hasta se ven emes en el ambiente cuando respiran ciertas personas…¿Cómo es posible que el engaño, la falsedad, el bulo, la mentira se hayan instalado como un furúnculo en nuestras vidas de esta forma?¿Cómo voy a esperar que mis alumnos sean veraces si viven rodeados de aire conta- minado? Cuando lo hacen son unos valientes, un diente de león en la tundra de ‘ Ice Age’ que tendríamos que premiar con sobresaliente en Ciudadanía para contrarrestar la ausencia de verdad de tantos que promueven los valores cívicos en los ciudadanos pero se guardan muy bien de cumplirlos. No deben formar parte del vulgo para estos y otros menesteres como apretarse el cinturón (por favor, qué cosa tan desagradable, con lo que les ha costado educar al fino paladar y al coche oficial que lo pasea…)

Mentir cuesta poco y suele quedar tan impune que invita a quien miente a repetir, como las natillas. Y ya sabemos que con la práctica frecuente y generalizada todo se desmitifica, pierde valor y se convierte en elemento común, que nos acompaña permanentemente como el mal aliento, los michelines o el móvil. Y así, ¿quién es capaz de desprenderse de este hábito? Haría falta una campaña, pero una de verdad, a todos los niveles, - empezando por aquellas personas en quienes hemos depositado temporalmente nuestros bienes, vida y milagros – de tolerancia cero, con ¿premios? y sanciones ejemplares incluidos,( incluso antes de su elección debieran pasar un examen de aptitud para actuar con verdad y equidad que eliminase de entrada a los mentirosos patológicos), de tal forma que, poco a poco, las costras de falsedad incrustadas en nuestra convivencia diaria fueran diluyéndose lenta pero visiblemente y nos devolviera una imagen más honrada y veraz de nosotros mismos… Ya sé que es una utopía, que El Lazarillo es de la familia, una capa de la cebolla de nuestra idiosincrasia, que la picaresca es tan deporte nacional como el fútbol, que… pero también somos capaces de cosas grandes cuando nos ponemos a ello y ¡quién sabe! tal vez, en alguno momento, se alineen los astros adecuados, alumbran nuestra neurona 23, fruncimos el ceño y dejamos de ser un país de mentira.

 

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