19 de febrero de 2010
EL TEATRO

Rosario Cabezudo Vallés

 

 

 

Desde hace más de 10 años se imparte Teatro en el colegio como actividad extraescolar y también ha habido desde siempre un grupo de padres, madres y antiguos alumnos que han formado grupo de Teatro.
En los últimos 4 años han pasado por nuestras clases, 269 alumnos, de los cuales 158 han sido alumnas y 111 alumnos. En este curso hay inscritos 64 alumnos.
En el curso actual hay alumnos de casi todas las clases desde 1º de Infantil hasta Bachillerato, los grupos más numerosos son de 2º de Infantil, de 5º y 6º de Educación Primaria y de 4º de ESO, estos dos últimos grupos llevan desde 1º de EP con esta actividad.
A lo largo de estos años se ha representado obras de muy diversos autores, comedia, drama, musical y también adaptaciones de los propios profesores y el año pasado los alumnos de 4º y 6º de Primaria representaron una obra escrita por ellos mismos titulada; Locura en el Campamento.

El teatro, en su más amplio y noble sentido, es tan viejo como el hombre. Porque el hombre es siempre un ser mimético, un ser que finge e imita. Lo hace por utilidad material algunas veces. En el teatro se representan diferentes historias, es el arte de la expresión proviene del griego tehatron que significa lugar para compartir
Teatro es una palabra de significado ambiguo. Los Griegos la usaron primeramente para designar la graderIa semicircular desde donde se contemplaba la representación dramática; y también para designar el conjunto del público allí reunido.
En un sentido amplio, se podría definir el teatro como la comunión de un público con un espectáculo viviente. De un lado, un público de espectadores: espectadores en plural, y no en singular.
La mayoría de los estudios consideran que los orígenes del teatro deben buscarse en la evolución de los rituales mágicos relacionados con la caza, al igual que las pinturas rupestres, o la recolección agrícola que, tras la introducción de la música y la danza, se embocaron en auténticas ceremonias dramáticas donde se rendía culto a los dioses y se expresaban los principios espirituales de la comunidad. Este carácter de manifestación sagrada resulta un factor común a la aparición del teatro en todas las civilizaciones.
Pero el teatro, antes que ejercicio lúdico y complacencia del espíritu, fue necesidad práctica. Los habitantes de las cavernas paleolíticas y neolíticas, artistas mágicos, cazadores por imperiosas exigencias vitales, ofrecían como cebo a las pretendidas presas la imagen dinámica de una imitación que las atrajese. Se disfrazaban de las fieras buscadas, se revestían con sus pieles, fingían convencionalmente sus movimientos y sus bramidos. He aquí, vivamente, uno de los orígenes del teatro. Por otro lado, la segunda de sus fuentes puede identificarse en las danzas mímicas ejecutadas por los hechiceros de las hordas para conjurar la fuerza maligna del enemigo sobrenatural, para contrarrestar el influjo de confusas y misteriosas divinidades. Todavía perduran en nuestros días mascaradas religiosas y folklóricas esencialmente semejantes a los ritos del hombre primitivo.

Al nacer el teatro, nace también el lugar teatral, el escenario en que se celebra la representación. Ese lugar fue, primero, la fogata en la boca de la cueva, con su fondo de espesa selva o de rocas erguidas; luego, los soleados pedregales helénicos, los macizos templos dóricos, los umbrosos pórticos medievales. A veces es al aire libre: en los teatros y circos de la antigüedad clásica, en carretas dispuestas en círculo, en estadios, en canales, en fiestas de feria, en la Piazza de San Marco, entre los jardines y surtidores de Versalles, en los campos de carreras. Otras veces, se sitúa en lugares cerrados: castillos, edificios especiales, galerías palaciegas, patios curtos, corrales, plazuelas y mesones.
El teatro se ha utilizado como complemento de celebraciones religiosas, como medio para divulgar ideas políticas o para difundir propaganda a grandes masas, como entretenimiento y también como arte.
Interviene la luz; para unir o separar a los actores y a los espectadores. Cuando es luz natural, une; cuando es artificial, a veces blanca, a veces de colores, trata de aislar al público en la penumbra o poner en evidencia a los actores. Las posibilidades de la luz han intervenido decisivamente en la evolución del espectáculo teatral. Más tarde se inventó la puesta en escena, con la escenografía, el sonido y los efectos especiales.
Una representación consta sólo de dos elementos esenciales: actores y público. La representación puede ser mímica o utilizar el lenguaje verbal. Los personajes no tienen por qué ser seres humanos; los títeres o el guiñol han sido muy apreciados a lo largo de la historia, así como otros recursos escénicos. Se puede realzar una representación por medio del vestuario, el maquillaje, los decorados, los accesorios, la iluminación, la música y los efectos especiales. Estos elementos se usan para ayudar a crear una ilusión de lugares, tiempos, personajes diferentes, o para enfatizar una cualidad especial de la representación y diferenciarla de la experiencia cotidiana.
El teatro en el ámbito de la educación forma parte de las técnicas pedagógicas utilizadas para desarrollar las capacidades de expresión y comunicación de los alumnos centrándose no sólo en las habilidades lingüísticas de leer, escribir, escuchar o hablar sino, sobre todo, en la habilidad de comunicar.
Como recurso didáctico ha sido utilizado en todas las épocas y situaciones. Desde los diálogos teatrales creados ex profeso por el humanista Juan Luís Vives para la enseñanza del latín a los universitarios durante el Renacimiento, hasta las modernas técnicas de dramatización.

 

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