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26 de enero de
2012 |
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Todas las mañanas me despierto con ganas de dormir más y con sensación de sueño. Mi madre, siempre muy modosa, me dice en cuanto me levanto: - ¡Elena, tienes que aprender a modular la voz! Horas más tarde estaba tomándome el caldito, pero en cuanto llegué al bizcocho noté una fuerte molestia, que por un momento pensé que me sangraba la muela. Le pedí a mi madre que me moliese el bizcocho, aunque sonase un poco raro…. ¡pero no podía masticar! Mi madre me estaba dando una envidia…. ¡Estaba comiendo mojama!, una de mis comidas favoritas. Pero no podía comerla. Era un rollo, tenía ganas de que me llevase al dentista para que el molar parase de molestarme de una vez por todas. Cuando acabé de comer, era la hora de la mojadura. Llené la bañera y ¡glup, glup! Me di un remojón. Después de unos cuantos minutos a remojo me fui a aclarar el pelo. Me llevé una gran sorpresa. El cabezal de la ducha estaba mohoso. No pude lavarme el pelo y mi madre y yo tuvimos que ir a Roca a por un cabezal de ducha que encajase en nuestro grifo.
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