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CARTA A HERMANOS Y COLABORADORES AL ACERCARSE EL 150 ANIVERSARIO DE LA MUERTE DEL VENERABLE HERMANO POLICARPO.
1859 – 2009 





Muy apreciados hermanos y amigos:
Reciban mi fraternal saludo.

El próximo 9 de enero se cumplirán 150 años de la muerte de nuestro querido hermano Policarpo. Una celebración de apertura de dicho aniversario tendrá lugar en la casa de Paradis (Le Puy - Francia) el día 10 de enero de 2009, junto a la cripta donde se encuentran sus restos.

El Consejo general quiere que este acontecimiento se subraye en cada una de las entidades del Instituto, bien sea el 9 de enero o en el día más conveniente, por una eucaristía y por oraciones comunitarias preparadas por el Postulador, las cuales os serán enviadas próximamente por la secretaría general, o por otras actividades más apropiadas, dada vuestra situación.

Para que este acontecimiento produzca sus frutos, el Consejo nos invita también a que durante el año nos acerquemos a nuestro “Segundo Fundador”, cuya vida es para todos nosotros un ejemplo de profundo amor a Dios, a la Iglesia, al Instituto, a sus hermanos y a los niños y jóvenes.

El capítulo de 2006 nos ha invitado a volver a lo esencial de nuestra vida religiosa emprendiendo “una peregrinación de esperanza por el camino de la comunión”. El hermano Policarpo ha hecho esta peregrinación mucho antes que nosotros. En efecto, él vivió íntimamente unido a Dios en un ardiente amor al Corazón de Jesús, a quien reconoció especialmente en la Eucaristía, en sus hermanos y en los niños y jóvenes. Su unión con Dios se encarnó en su amor a los hermanos, a los que acompañó y sirvió siempre con una solicitud verdaderamente fraterna y en su entrega sin reservas a la misión del Instituto: “contribuir a la evangelización, principalmente por la educación de los niños y jóvenes” (R 13). El hermano Policarpo fue recorriendo dicho camino llevado de la mano de María, a la que siempre tuvo como madre atenta y protectora.

El hermano Policarpo tradujo su amor a Dios teniendo para con Él una ilimitada confianza, apoyándose en Él para afrontar las pruebas y dificultades, cultivando una paz interior inalterable, extendiendo esa serena alegría que nace de adentro y contagia a quienes les rodean, permaneciendo profundamente fiel a la gracia de su vocación religiosa y al carisma recibido del Padre Andrés Coindre.

Su Santidad el Papa Juan Pablo II confirmó lo que precede declarando, el 17 de febrero de 1984, “que él (el H. Policarpo) practicó todas las virtudes en un grado heroico y merece un recuerdo y una alabanza perpetuas en la Iglesia” (Decreto, pp. 7 y 8). Desde entonces podemos afirmar con total seguridad que él ha vivido como un santo y, por lo tanto, es para nosotros un modelo acabado del seguimiento de Cristo en la vida cristiana y religiosa.

Que en nuestra vida de oración y de servicio imitemos las virtudes del hermano Policarpo, especialmente su amor al Corazón de Dios; que obtengamos del Padre la gracia de su beatificación para dirigirnos a él como al hermano y amigo que nos precede en la bienaventuranza imperecedera y en la plena comunión plena con Dios y con todos sus santos, y que ruega por nosotros.

Que durante este tiempo de Adviento en el que nos preparamos para celebrar el nacimiento de Jesús, el hermano Policarpo interceda ante el Padre por nosotros para que, fieles al carisma de nuestro Fundador, nazcamos de nuevo a una vida religiosa más profundamente fortalecida por el fuego el amor de Dios y, como quiere el Capítulo, más atractiva para quienes nos rodean y “para los jóvenes en búsqueda vocacional” (Una peregrinación de esperanza, p 22). 
 

H. José Ignacio Carmona Ollo, S.C.
Superior general 
 
 Roma, 29 de noviembre de 2008.