|
RECOMENDACIÓN à En esta
lista se encuentran gran cantidad de términos ordenados alfabéticamente. Si quieres saber si un término concreto se
encuentra en la lista puedes hacerlo manualmente o puedes pinchar en el menú edición
de tu navegador (Netscape o Explorer) y luego pulsa buscar.
Escribe el término que buscas y si éste existe en la lista, la búsqueda se
parará automáticamente sobre el primer término que encuentre (caso de que
esta palabra se encuentre repetida). Para ver el siguiente término deberás
pulsar Buscar siguiente. Si no se encuentra en la lista
saldrá un mensaje en pantalla informándote de ello. |
Acciones (economía), en economía y
en finanzas son participaciones que otorgan el
derecho de propiedad sobre una empresa. Representan, por lo tanto, cada una de las
partes en que se puede dividir el capital social de
una empresa.
Las acciones pueden ser nominales (aparece el nombre del propietario de la
acción) o al portador. Su compraventa se negocia, cuando cumplen ciertos
requisitos, en los mercados de valores.
Por ejemplo, en España, estos requisitos son los siguientes: en los dos años
anteriores a su salida en Bolsa, tres si no son consecutivos, la empresa tiene
que haber repartido dividendos de, al menos, el 6% entre sus accionistas; cada
tres meses habrá que proporcionar un informe sobre el estado financiero de la
empresa y sobre los cambios que afecten a la cuenta de explotación, y hay que
contar con un mínimo de títulos negociados y que exista una demanda efectiva
para las acciones. En los países latinoamericanos las características son
similares.
También se pueden distinguir las acciones según sean ordinarias o
preferentes. Éstas últimas confieren a sus titulares determinados privilegios
que no disfrutan los tenedores de acciones ordinarias, como es el hecho de
percibir unos dividendos predeterminados sobre los beneficios de la empresa.
Por el contrario, las acciones ordinarias percibirán dividendos sólo cuando así
lo considere conveniente la junta directiva de la empresa en cuestión. Los
propietarios de acciones individuales son los propietarios últimos de la
empresa; cuando ésta se liquida, el remanente se distribuirá entre este tipo de
accionistas.
La tenencia de acciones, ya sean ordinarias o preferentes, otorgan un
derecho de preferencia cuando se produce una ampliación de capital, lo que se
denomina derecho de suscripción preferente. Cuando se ejerce este derecho, al
producirse una ampliación de capital, la acción antigua se denomina acción
ex derecho. Por otra parte, no todas las acciones conceden el derecho a
voto: para que un determinado accionista pueda tener derecho a voto tendrá que
poseer un mínimo de acciones estipulado en los estatutos de la sociedad.
La aparición de las acciones surgió a partir de finales de la edad media,
cuando las empresas empezaban a crecer y un individuo particular no podía
reunir todo el capital necesario para poder emprender grandes actividades. La
ventaja fundamental de las acciones consiste en que permiten acceder al ahorro
de otros agentes económicos. Otra ventaja importante deriva del hecho de que el
accionista no responde con sus bienes particulares ante las pérdidas de la
sociedad, por lo que sus pérdidas sólo se reducen a la cantidad que haya
invertido para comprar las acciones.
Activo y pasivo, riqueza de
una empresa y las deudas que pesan sobre sus
bienes. En economía y en contabilidad hay que hacer una
distinción esencial entre variables flujo y variables stock
(existencias). Por ejemplo, el ingreso es una variable flujo, por lo que
cualquier cifra de ingresos debe referirse a un determinado periodo —la semana,
el mes o el año— en el que se define esa variable. Por el contrario, la
variable riqueza se considera una variable stock. En este supuesto la
variable debe definirse en función de una determinada fecha. En contabilidad
las variables stock (como es la riqueza) aparecen en el balance, en el
que se escribirá en una columna los activos, y en otra columna aparecerán los
pasivos. Sin embargo, activos y pasivos dependerán del tipo de empresa.
Por ejemplo, los activos de un individuo incluyen la casa, el mobiliario de
ésta, las cuentas corrientes en los bancos,
los activos financieros (por ejemplo, las acciones
que posea) y el dinero en efectivo. También se pueden incluir los planes de
pensiones que, sin duda, afectan al comportamiento económico de las familias.
También hay pasivos como la hipoteca de la casa o el
pago a plazos del coche o de otros bienes, así como otras obligaciones
financieras, como puede ser el pago del impuesto sobre la renta.
Cuando se trata de una empresa, la composición de sus activos y pasivos es
muy diferente. Entre los activos de una empresa destacan sus fábricas y
maquinaria, sus existencias inventariadas de materias primas y productos
semiterminados —es decir, aquellos que todavía están inmersos en el proceso de producción— y
los bienes finales pendientes de distribución. También hay que añadir las
deudas pendientes de cobro, por ejemplo, el cobro de bienes vendidos pero no
cobrados, o el cobro de intereses por activos financieros. Pero las empresas
valdrán más de lo que representa la suma de los anteriores activos porque, por
el hecho de ser una compañía en funcionamiento, tendrá una clientela fija y un
nombre conocido que les permitirá vender más que una recién creada. A este activo
intangible se le denomina 'fondo de comercio'. En la columna donde se reflejan
los pasivos en el balance aparecerán las obligaciones que tendrá dicha empresa:
pagos a proveedores y otras obligaciones financieras, como por ejemplo es el
pago de impuestos. Además, en tanto en cuanto haya emitido deudas para lograr
más capital (es decir, bonos
que no son parte del capital social o los depósitos que tienen los bancos)
adquiere obligaciones para pagar a los tenedores de los bonos o a los
propietarios de cuentas corrientes y otros depósitos bancarios.
Desde el punto de vista del país, de nuevo, los activos y pasivos serán
distintos. El balance de un Estado no consistirá en la simple suma de los balances
de los individuos y las empresas. Entre los activos de un país hay que incluir
el capital nacional, como son las edificaciones públicas (bibliotecas, palacios
reales, oficinas ministeriales, etcétera), las infraestructuras públicas de
transporte o los recursos naturales (minas, bosques, etcétera) que no
aparecerán en el balance de ninguna entidad. También se puede sostener que,
puesto que uno de los activos más importantes de un país es su potencial de trabajo,
habrá que contabilizar éste de alguna manera. Por supuesto, las obligaciones y
pasivos de empresas e individuos de un mismo país se anulan entre sí —la
obligación que tiene una persona de pagar determinada cantidad a otra será un
activo de esta última. Pero un país puede contar con activos (físicos o
financieros) en otro país y los extranjeros pueden disponer igualmente de
activos en el país (físicos o financieros). Por lo tanto, la riqueza nacional
habrá de considerar los pasivos netos de un país frente a otros.
Análisis de riesgos, en economía, estimación de los
riesgos implícitos en una actividad. Todas las decisiones que se toman en el
mundo de los negocios implican cierto grado de incertidumbre o de riesgo. Por
lo tanto, es importante evaluar los riesgos inherentes, por ejemplo, a la inversión
requerida para ampliar un negocio, antes de efectuar dicha operación. Los dos
elementos esenciales en el análisis de riesgos consisten en identificar y
cuantificar estos riesgos. La identificación depende, en gran medida, de la
información disponible; por ejemplo, el costo real para emprender una
determinada actividad. La evaluación depende de una combinación de las
matemáticas con la valoración subjetiva del analista. Calcular el riesgo máximo
y el mínimo riesgo es una tarea sencilla hasta cierto punto; lo que importa es
valorar con precisión el riesgo real: la posibilidad de que de hecho se
produzca el resultado previsto. A la hora de medir los riesgos es importante
determinar el grado de control (si se verifica) que se ejerce sobre dichos
riesgos.
La calidad de la información que posee una empresa
puede aumentar si se dedican fondos a la investigación; por ejemplo, realizar
una investigación del mercado para determinar la cuota de mercado
que se puede obtener para un nuevo producto en una determinada localidad. Por
supuesto, el dinero invertido en mejorar la información aumenta los costos
(reduciendo el beneficio) de la actividad que se quiere emprender. Por lo
tanto, también habrá que valorar hasta qué punto merece la pena invertir
cantidades adicionales de dinero para mejorar la información disponible.
El análisis de riesgos no es un proceso estático. Las conclusiones deben
revisarse cuando se obtiene información adicional o cuando las circunstancias
del mercado varían, por ejemplo, cuando cambian los costes o
el grado de competencia. Es normal comparar entre
diferentes opciones posibles, contratando los riesgos y las rentabilidades
potenciales; por ejemplo, al abrir un gran supermercado o una pequeña tienda de
ultramarinos. Una opción que siempre puede considerarse consiste en no invertir
en nada y depositar el dinero en un banco a cambio de un tipo de interés
fijo.
El proceso de análisis de riesgos consiste tan sólo en un cálculo de
probabilidades. La decisión final dependerá de la posición ante los riesgos del
directivo o agente decisor. Los amantes del riesgo escogerán la opción de mayor
rentabilidad. Los que se oponen al riesgo elegirán al contrario la opción que
implique las menores pérdidas posibles.
Autarquía, situación económica en la que un país
obtiene todos los bienes necesarios sin comerciar con otros países. El país que
aspira a vivir en condiciones de autarquía pretende satisfacer todas sus
necesidades utilizando tan sólo sus propios recursos, sin acudir a las
importaciones ni de bienes finales ni de bienes intermedios. Por ello, la
autarquía aspira al autoabastecimiento alimentario y a la autonomía industrial.
A veces se utiliza como sinónimo de autarquía el término autosuficiencia,
aunque este último se refiere de un modo concreto al autoabastecimiento
alimentario. Así, diremos que un país es autosuficiente si exporta más
alimentos de los que importa. En general, los países pertenecientes a la Organización
para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) son
importadores netos de alimentos, por lo que no podrían considerarse como
autosuficientes, aunque en algunos países miembros como Australia, Dinamarca,
Irlanda, Países Bajos y Nueva Zelanda, los productos agrícolas representan una
parte esencial de sus exportaciones. La mayoría de los países asiáticos son
exportadores netos de alimentos, con la excepción de Japón, Hong-Kong y
Singapur entre otros. Asimismo, la mayoría de los países latinoamericanos son
exportadores íntegros de alimentos; entre lo principales se encuentran
Argentina, Brasil, Chile, México y los países Centroamericanos. Por el
contrario, los países de Oriente Próximo y del norte de África son importadores
netos. Los países del África subecuatorial se encuentran en una posición
intermedia. Algunos países africanos son importadores netos de alimentos debido
a las condiciones climatológicas que padecen. Como es obvio, estas condiciones
climatológicas pueden hacer variar de forma drástica la posición de un país con
respecto a otros periodos temporales de producción, incluso de un año a otro.
Balanza de pagos, relación entre la cantidad de dinero que un
país gasta en el extranjero y la cantidad que ingresa de otras naciones. El
concepto de balanza de pagos no sólo incluye el comercio de bienes y servicios,
sino también el movimiento de otros capitales, como la ayuda al desarrollo, las
inversiones extranjeras, los gastos militares y la amortización de la deuda
pública.
Las naciones tienen que equilibrar sus ingresos y gastos a largo plazo con
el fin de mantener una economía estable, pues, al igual que los individuos, un
país no puede estar eternamente en deuda. Una forma de corregir un déficit de
balanza de pagos es mediante el aumento de las exportaciones y la disminución
de las importaciones, y para lograr este objetivo suele ser necesario el
control gubernamental. Por ejemplo, un gobierno puede devaluar su moneda para
lograr que los bienes nacionales sean más baratos fuera y de este modo hacer
que las importaciones se encarezcan (véase Devaluación).
El término balanza de pagos puede también aludir al registro
contable de todas las transacciones económicas internacionales realizadas por
un país en un periodo de tiempo determinado (normalmente un año).
Beneficios, en Economía, diferencia
monetaria entre el coste de producción y marketing de los bienes y servicios y los precios percibidos por
la venta de dichos bienes y servicios. Los beneficios son una de las
características esenciales de la compra-venta en un sistema económico. El
antónimo del beneficio son las pérdidas, que se producen cuando el coste de
producción de ciertos bienes y servicios es superior al precio que el comprador
está dispuesto a pagar por ellos. En una economía de mercado, el principal
incentivo para la producción y el trabajo es la maximización de beneficios. Sin embargo, la teoría de la empresa ha
puesto en duda la universalidad de esta proposición. Las empresas japonesas,
normalmente, prefieren maximizar su cuota de mercado antes que maximizar sus
beneficios, por lo menos a corto plazo.
Bienes, a
veces también denominados mercancías o mercaderías; en economía todo aquel
género con el que se puede comerciar. Podemos distinguir multitud de bienes:
materias primas, bienes inferiores, bienes superiores, bienes Giffen, bienes de
consumo, bienes de inversión, bienes normales, bienes de lujo o bienes de
primera necesidad, entre otros. En este artículo nos centraremos en los bienes
primarios o materias primas.
Los países que
tienen abundancia de materias primas, o recursos naturales, tienen cierta
ventaja sobre aquellos países cuya dotación de recursos es menor porque
dependen menos del ingenio y de la capacidad productiva de la población. Sin
embargo, dependen del mercado internacional de bienes primarios o materias
primas, donde se determinan los precios de este tipo de mercancías. La
experiencia ha podido demostrar que los precios de las materias primas son más
volátiles que los precios de los bienes manufacturados. Desde la década de 1970
los precios de las materias primas, como el petróleo, el estaño, el cobre y el
café, han sufrido grandes fluctuaciones no previstas ni por los productores ni
por los consumidores. Algunas de estas variaciones se debían a variaciones
climatológicas que afectaban a las cosechas, mientras que en otras ocasiones
las causas se debían a la aplicación de políticas de precios y a la
modificación de las condiciones del mercado.
Debido a que los
productores y los consumidores desean que los precios se mantengan estables, se
han puesto en práctica distintas medidas para fomentar la estabilidad de los
precios de las materias primas, entre las que destacan los acuerdos para
imponer cuotas de producción o de exportación, la intervención de los mercados,
comprando mayores cantidades cuando caen los precios o almacenando las materias
primas para reducir la oferta e impulsar los precios al alza; también se realizan
contratos a largo plazo entre productores y consumidores. Ninguna de estas
medidas ha tenido resultados muy satisfactorios; en algunas ocasiones, han sido
incluso contraproducentes, destacando el fracaso de los acuerdos sobre el
precio mundial del estaño a mediados de la década de 1980. Cada vez más, las
organizaciones internacionales, como el Fondo
Monetario Internacional (FMI), han intentado
ayudar a aquellos países menos industrializados que dependen de las
exportaciones de materias primas para obtener divisas con las que pagar sus
importaciones de maquinaria y otros productos manufacturados.
Existen dos
importantes mercados para las materias primas. El mercado spot y el mercado de opciones o futuros. En el mercado spot los precios son los que rigen en el
mercado en ese mismo momento, mientras que en el mercado de futuros se negocia
la compraventa de una determinada cantidad de materias primas por adelantado,
es decir, se negocia hoy la compra de cierta cantidad que se entregará pasado
cierto tiempo (puede ser un mes, un año, o cualquier otro plazo que se
acuerde). El precio de ambos mercados difiere. El mercado de futuros tiene la
ventaja de que elimina toda incertidumbre (tanto para el comprador como para el
vendedor) respecto a los precios, y permite que los especuladores obtengan
ganancias, si saben prever las fluctuaciones de precios. Por ejemplo,
supongamos que el precio del mercado de futuros a 30 días es un 5% inferior al
que habrá en el mercado spot
transcurrido ese tiempo. Si el especulador es capaz de prever esta diferencia,
comprará hoy en el mercado de futuros y venderá dentro de 30 días en el mercado
spot un 5% más caro, obteniendo este
porcentaje de beneficio (sin tener en cuenta el pago de comisiones y los costes
de cada transacción). Sin embargo, si el precio en el mercado spot dentro de 30 días ha caído por
debajo del precio que el especulador pagó en el mercado de futuros, registrará
pérdidas.
Bienes de consumo,
bienes finales producidos por el hombre destinados al consumo de las personas
(a diferencia de los bienes intermedios, que son bienes que se utilizan en el
proceso de producción para transformarlos en bienes finales, o de los bienes de
capital, que son la maquinaria que se utiliza en las industrias). Entre los
bienes de consumo podemos distinguir los producidos para el consumo inmediato
(caramelos, dulces), o lo que se denomina bienes duraderos, que se pueden
utilizar varias veces durante largos periodos (un automóvil, un reproductor de
vídeos o una lavadora). Sin embargo, cuando un bien de consumo (por ejemplo, un
ordenador o computadora) se utiliza en una empresa para producir otros bienes,
según la teoría económica será un bien de capital, y no un bien de consumo. Por
lo tanto, definiremos los bienes en función del uso que se les confiera.
En general, los
bienes de consumo serán aquellos bienes que se produzcan para el consumo de los
individuos o familias.
La cantidad de
bienes de consumo que se venden en un país refleja los niveles de vida del
mismo y también permiten ver los gustos y las características de la sociedad.
Bienes inmuebles,
suelen clasificarse así aquellos que lo son por naturaleza, por incorporación y
por destino. Se les denomina bienes inmuebles corporales. Existe una categoría
final denominada inmuebles por analogía que recoge los derechos que recaen
sobre bienes inmuebles en aquellos países donde las cosas incorporales también
entran dentro de la clasificación en muebles e inmuebles. Los inmuebles por
naturaleza son el suelo y todas las partes sólidas o fluidas que forman su
superficie y profundidad, como por ejemplo las minas, las canteras y los
escoriales (mientras su materia permanece unida al yacimiento), y las aguas
naturales o embalsadas, así como todo lo que se encuentra bajo el suelo, sin
que intervenga la obra del hombre. Se consideran inmuebles por incorporación
los edificios, caminos y construcciones de todo género adheridas al suelo, los
árboles y plantas, y los frutos pendientes, mientras estuvieran unidos a la
tierra o formaran parte integrante de un inmueble (no, por ejemplo, si están en
macetas o cajones que puedan transportarse de un lugar a otro), así como todo
lo que esté unido a un inmueble de una manera con carácter fijo, de suerte que
no pueda separarse de él sin producir quebrantamiento de la materia o deterioro
del objeto.
Los inmuebles por
destino son aquellas cosas muebles que son dispuestas con intención (como
accesorias de un inmueble) por el propietario de éste, sin estarlo de forma física.
Así, suelen considerarse dentro de esta categoría las estatuas, relieves y
otros objetos de uso y ornamento emplazados en edificios o heredadas por el
dueño (de tal forma que revele el propósito de unirlos de un modo permanente al
fundo) las máquinas, instrumentos, utensilios de labranza y minería y demás
utensilios destinados a la industria o explotación que se realice en un
edificio o heredad, los viveros de animales, palomares, colmenas, estanques o
criaderos análogos cuando el propietario los haya instalado o los conserve con
el propósito de mantenerlos unidos a la finca de forma permanente, así como los
abonos destinados al cultivo de una heredad que se encuentren en las tierras
que han de utilizarse.
Los bienes
inmuebles han recibido de modo tradicional un trato más severo para su
adquisición, enajenación y en general para su tráfico, porque se han
considerado como la base del patrimonio y la solvencia del sujeto. Este diferente trato,
respecto de los muebles, proviene en esencia de la época medieval y continuó
durante el periodo codificador gracias, entre otros factores, al auge de la
fisiocracia que contemplaba la naturaleza como la única fuente de rentas. En la
actualidad, junto al Derecho civil codificado, es corriente la presencia de leyes especiales
que regulan determinados tipos de inmuebles (legislación agraria y urbanística)
o que regulan contratos referentes a ellos (arrendamientos urbanos y rústicos
por ejemplo) con una finalidad más social que la mera conservación de los
mismos dentro del patrimonio. Estos conceptos y referencias encuentran sus
diferencias según el país de aplicación y la tradición que en ellos impere.
Bienes muebles,
aquellos que pueden trasladarse de un lugar a otro, sin menoscabo del inmueble
al que estuvieran unidos. En este sentido, sólo si se trata de una fusión
pasajera o accidental podremos hablar de mueble, en caso contrario, si se
produjera una verdadera adherencia o inseparabilidad, se trataría de un
inmueble por incorporación. Por ejemplo, el mobiliario y los objetos de adorno
que se clavan o fijan en las paredes de las casas y pueden removerse de un
forma sencilla sin detrimento de las mismas paredes, como estufas, espejos,
cuadros, tapicerías, suelen considerarse muebles; sin embargo, si los cuadros o
espejos están insertos en las paredes formando un solo cuerpo con ellas, aunque
pudieran separase sin merma, se consideran inmuebles. Se califican también como
muebles los materiales reunidos para la construcción de edificios mientras no
sean utilizados. Entre los muebles se engloban tanto las cosas que sólo se
muevan por efecto de una fuerza externa, como las que se mueven por sí mismas
(que también se denominan semovientes), como los animales.
También suelen
incluirse entre los bienes muebles las rentas o pensiones, sean vitalicias o
hereditarias, afectas a una persona o familia, siempre que no graven con carga
real una cosa inmueble —en cuyo caso serán consideradas inmuebles—, el dinero,
los créditos, efectos de comercio, títulos valores, y las cédulas y títulos
representativos de préstamos hipotecarios. Por otro lado, una cosa mueble puede
estar formada por varios objetos separados en el plano físico cuando estén
vinculados de un modo estructural, bien por un vínculo de coordinación (un par
de zapatos o unos guantes…), bien por un vínculo de subordinación (un automóvil
y la llave que lo cierra, por ejemplo). Por último, desde una perspectiva
residual se consideran también bienes muebles todos aquellos que no son
inmuebles, creándose con ello una categoría muy heterogénea en la que tienen
cabida, por ejemplo, desde la energía (eléctrica, hidráulica…) hasta las
creaciones como la propiedad intelectual y la industrial.
En otros tiempos
en que se estimaba la división entre muebles e inmuebles como la summa divisio, los bienes muebles se
consideraban los de menor valor y por ello se facilitaba y privilegiaba el
tráfico de los mismos. Es en la edad media cuando se acuña el adagio según el
cual res mobilis, res vilis. En la
actualidad, la importancia económica de los bienes muebles es evidente: no sólo
hemos de pensar en las máquinas, automóviles, inventos tecnológicos, sino
también en el dinero, acciones de sociedades, cheques o letras de cambio hasta
el punto de que existen sistemas de registro públicos específicos para algunas
categorías de bienes muebles.
Bienestar, Estado de, conjunto de programas de la seguridad
social destinados a proporcionar un mínimo nivel de vida a las
personas con menores posibilidades económicas. Estos programas incluyen ayuda
financiera directa, cuidados médicos y sanidad gratuita, y, en ocasiones,
cupones de descuento para la obtención de alimentos. Los receptores potenciales
de estos programas son las personas que viven en la pobreza,
en particular aquellas familias que no superan determinado límite de ingresos y
tienen a su cargo niños, así como las personas mayores y las incapacitadas. Los
programas del Estado de bienestar se financian mediante los presupuestos del
Estado y las aportaciones de las corporaciones locales y regionales.
Bonos, instrumento de crédito legal mediante el cual se
adquiere el compromiso de pagar una cantidad prefijada en una fecha concreta,
cuando se cumplan determinados requisitos.
Utilidad de los bonos
Los bonos que se emplean en las finanzas
son instrumentos financieros reflejados en un documento escrito en el que se
estipula que el emisor adeuda al tenedor una determinada cuantía por la que le
pagará ciertos intereses, además del principal, en determinadas fechas
preacordadas. Esta clase de bonos suelen ser emitidos por grandes empresas y
por los gobiernos, como medio de emitir deuda pública que les permita
financiarse a corto y largo plazo. El término bonos se suele utilizar para
reflejar una emisión de deuda a corto plazo, mientras que para las emisiones de
deuda a medio plazo se emplea el término pagaré, y a largo plazo el de
obligación. Las emisiones de deuda se realizan acudiendo a intermediarios
financieros, que pueden ser bancos o cualquier otro tipo de brokers
(intermediarios financieros que trabajan a comisión por cuenta ajena). El
comprador de los bonos puede quedarse con ellos y cobrar los intereses
acordados, o venderlos a un tercero. Los bonos emitidos por las empresas suelen
estar respaldados por una hipoteca sobre
las propiedades de la empresa en algunos casos, pero en otros están respaldados
por otro tipo de garantías pignoraticias o pignoradas.
Los bonos emitidos por el Estado no están garantizados, pero el comprador
se siente seguro al conocer la capacidad recaudadora de los gobiernos; sin
embargo, el éxito de la emisión depende de la confianza que tengan los
inversores en la estabilidad del Gobierno emisor.
Cadenas comerciales, dos o más tiendas minoristas que venden el mismo tipo de mercancías y
pertenecen a la misma empresa. También se denominan empresas multiunidad y cada
tienda suele estar dirigida por un ejecutivo empleado por la empresa, y no por
un propietario individual. El director de una tienda perteneciente a una cadena
comercial, a diferencia de los minoristas individuales, no toma las decisiones
pero es el responsable ante el individuo o la empresa propietaria de la cadena
comercial. Las cadenas comerciales suelen vender todo tipo de productos:
alimentos, artículos de limpieza e incluso calzado; muchos economatos o tiendas
de descuento son cadenas comerciales. Las principales cadenas comerciales
suelen ser grandes almacenes y supermercados.
Aunque existen
cadenas comerciales en todo el mundo, las principales suelen estar ubicadas en
grandes centros urbanos para poder aprovechar las ventajas inherentes a los
mercados masivos. Además de las tiendas minoristas, las cadenas comerciales
también incluyen teatros, bancos, hoteles y algunos servicios públicos.
Las cadenas
comerciales, que se distinguen porque tienen un propietario central, no deben
confundirse con entidades de franquicia que implican una propiedad individual de muchas unidades
con una única denominación comercial. Por ejemplo, algunas cadenas de comida
rápida operan a escala internacional mediante acuerdos de franquicia.
Se pueden
encontrar cadenas comerciales en casi todo el mundo, incluyendo Canadá, Europa,
Asia del este y América latina. Los supermercados, los grandes almacenes, los
centros comerciales y los economatos se encuentran entre los ejemplos más
destacados de cadenas comerciales. Cada vez más, estas cadenas se están
convirtiendo en grandes holdings que
tienen una estrategia comercial internacional.
Cámara de Comercio, asociación local, nacional o internacional
de empresarios, establecida para promover iniciativas comerciales. Las cámaras
de comercio intentan atraer nuevas industrias a sus municipios por medio de la
publicidad y participan en estudios sobre la vivienda, campañas de seguridad y
en la promoción de leyes favorables al comercio. En un principio estuvieron
integradas sobre todo por comerciantes, pero estas asociaciones se ampliaron y
pasaron a incluir a banqueros y fabricantes. La primera asociación comercial
que se autodenominó cámara de comercio parece que fue la fundada en Marsella
(Francia) en 1599 como extensión del gobierno de la ciudad, y contaba con
amplios poderes, incluidos el nombramiento y supervisión de los consulados
franceses en el Próximo Oriente. En 1700 el rey Luis XIV de Francia decretó el
establecimiento de otras cámaras de comercio en otras ciudades, esta vez con
poderes más limitados, siendo éstas desde entonces parte integrante de las
estructuras económicas y gubernamentales francesas.
En Gran Bretaña y Estados Unidos las cámaras de comercio nunca han tenido
funciones gubernativas. Las primeras cámaras fundadas en América nacieron en la
isla de Jersey, y en Nueva York, en 1768. La Sociedad Comercial de Manchester
fue la primera cámara de comercio inglesa, establecida en 1794 y la Cámara de
Comercio de Londres fue creada en 1881. En un principio se ocupaban sobre todo
de problemas de comercio nacional y exterior, y de políticas gubernamentales y
acontecimientos políticos que afectaban sus intereses. En España aparecieron,
de forma oficial, en 1866 y en 1911 se les dio el carácter de organismo público
e inscripción obligatoria. En América Latina se han establecido en algunos
países, siguiendo el modelo español, cuyos antecedentes se remontan al siglo
XVIII.
Capital empresarial, en economía, valor de
los activos de una empresa después de haber realizado el cálculo de los activos
y pasivos. En una hipoteca o en un acuerdo de
alquiler, los fondos propios son el remanente que le queda al prestatario si se
vende el bien hipotecado o el bien alquilado y se paga la deuda. Los fondos
propios no incluyen los pasivos pertenecientes a los accionistas, que esperan
recibir dividendos en base al neto
patrimonial de la empresa. Las acciones ordinarias de una empresa constituyen
el capital social de la empresa, por lo que sus
propietarios tienen derecho a recibir beneficios
una vez que se haya pagado a los propietarios de las obligaciones y de las
acciones preferenciales y, si la empresa se liquida, ésta pasa a ser propiedad
de los que tienen acciones ordinarias. Se considera que este tipo de acciones
son una inversión de alto riesgo debido a la escasa prioridad que conllevan los
derechos que otorgan, por lo que tienen elevadas tasas de retorno en relación a
otros instrumentos de las finanzas (como las acciones)
para atraer a los inversores.
Cártel, acuerdo formal o informal entre empresas
con el fin de reducir o eliminar la competencia en
un determinado mercado. Los cárteles controlan la
producción y la distribución.
Sus principales actividades se centran en fijar los precios, limitar la oferta
disponible, dividir el mercado y compartir los beneficios.
Hoy en día, el término cártel se suele aplicar a los acuerdos que
regulan la competencia en el comercio internacional. No obstante, su acepción
más conocida resulta inseparable de los complejos entramados económicos tras
los que se encubren organizaciones internacionales de narcotráfico. Los
cárteles de Medellín y de Cali (Colombia) han adquirido una forma trágica en
los años noventa. Los acuerdos de este tipo llevados a cabo en el ámbito
nacional se denominan trusts.
Cheque, orden o mandato de pago incorporado a un
título de crédito que permite al librador disponer, en
favor de una determinada persona o del simple portador del título, de fondos
que tenga disponibles en un banco.
El cheque deberá contener: la denominación de cheque inserta en el texto
mismo del título, el mandato puro y simple de pagar una suma determinada de dinero,
el nombre del que debe pagar (al que se denomina librado), que por fuerza ha de
ser un banco, el lugar de pago, la fecha y el lugar de la emisión del cheque,
la firma del que lo expide, al que se denomina librador.
El librador o tenedor de un cheque podrá solicitar al banco librado que
preste su conformidad al mismo, con lo cual se acredita la autenticidad de éste
y la existencia de fondos suficientes en la cuenta del librador. El cheque
puede ser librado para que se pague a persona determinada, con o sin cláusula
'a la orden' o 'no a la orden'; puede también ser librado para que se pague al
portador. El cheque al portador se trasmite mediante su entrega o tradición; el
cheque extendido a favor de una persona concreta, con o sin la cláusula 'a la orden',
es transmisible por medio de endoso. El endoso deberá ser total, puro y simple;
deberá, además, escribirse en el cheque y será firmado por el endosante. El
endoso transmite todos los derechos resultantes del cheque.
El pago de un cheque podrá garantizarse mediante aval, ya sea por la
totalidad o por parte de su importe. Esta garantía
podrá ser prestada por un tercero o por el librador.
El cheque es pagadero a la vista. Cualquier mención contraria se reputa no escrita.
El librado podrá exigir, al pago del cheque, que éste sea entregado con el
"recibí" del portador. Se presumirá pagado el cheque que después de
su vencimiento se hallare en poder del librado.
Cierre empresarial, en las relaciones
industriales, es el cierre de una fábrica y el despido de una serie
de trabajadores que se niegan a aceptar las condiciones del patrón. Hay que
distinguir el cierre patronal de la huelga,
puesto que en el caso del cierre patronal es el patrón el que provoca el cese
de la producción y en la huelga la iniciativa parte de los empleados. El cierre
patronal no puede servir para que el empresario impida que los trabajadores
ejerzan su derecho a afiliarse a un sindicato o
para evitar que el empresario participe con buena fe en la negociación
colectiva.[1]
Comercialización, en marketing,
planificación y control de los bienes y servicios para favorecer el desarrollo
adecuado del producto y asegurar que el producto solicitado esté en el lugar,
en el momento, al precio y en la cantidad requeridos, garantizando así unas ventas rentables. Para
el responsable de este proceso, la comercialización abarca tanto la
planificación de la producción como la gestión. Para el mayorista y para el
minorista implica la selección de aquellos productos que desean los
consumidores. El correcto emplazamiento del producto, en el momento adecuado,
es relevante en grado sumo cuando se trata de bienes que están de moda, de
bienes temporales, y de productos nuevos cuya tasa de venta es muy variable. El
precio se suele
fijar de tal manera que el bien se pueda vender rápido, y con una tasa de beneficios
satisfactoria. La cantidad producida tiene que ser la suficiente como para
satisfacer toda la demanda potencial, pero tampoco debe resultar excesiva,
evitando la reducción forzosa del precio con el fin de incrementar las ventas y
aminorar el nivel de existencias.
Comité de empresa, la definición, composición y competencias
de los comités de empresa difieren entre los países
en función del marco jurídico-legal en el que se encuentran. Así, en España el
Estatuto de los Trabajadores de 1980 define el comité de empresa como el
"órgano representativo y colegiado del conjunto de los trabajadores en la
empresa o en el centro de trabajo para la defensa de sus intereses, constituyéndose
en cada centro de trabajo cuyo censo sea de 50 o más trabajadores"
(artículo 63). Entre sus competencias se pueden destacar 1) el derecho a
recibir información cada trimestre sobre la evolución general del sector
económico en el que se desenvuelve la empresa, así como sobre la situación de producción y
ventas de la misma; 2) conocer el balance, la cuenta de resultados y la memoria
de la empresa; 3) emitir informes previos a la reestructuración de plantilla,
reducciones de jornada, planes de formación profesional, revisión de los
sistemas de organización, etcétera; 4) emitir informes sobre fusiones o
absorciones con otras empresas; 5) conocer los modelos de contrato que realiza
la empresa; 6) ser informado sobre todas las sanciones impuestas por faltas muy
graves; 7) conocer, al menos cada tres meses, las estadísticas sobre absentismo
laboral y sus causas, accidentes laborales, etcétera; 8) ejercer una labor de
vigilancia y control del cumplimiento de la normativa vigente en materia
laboral, de seguridad social, empleo, condiciones de seguridad e higiene,
etcétera; 9) participar en la gestión de las obras sociales establecidas en la
empresa a beneficio de los empleados y sus familiares; 10) colaborar con el
empresario para establecer las medidas necesarias para incrementar la
productividad y 11) informar a los representados de todos los temas y
cuestiones anteriores.
Competencia (economía), condiciones de
los mercados en los que los compradores y los vendedores establecen
los precios e intercambian bienes y servicios. La competencia económica es el medio que
utilizan los compradores y vendedores para satisfacer las necesidades de la
comunidad y de los individuos. La sociedad estará satisfecha cuando se produzca
el máximo número de bienes a los menores precios posibles.
Competencia perfecta
La idea teórica
desarrollada por los economistas para establecer las condiciones bajo las que
la competencia lograría la máxima eficiencia se conoce como competencia
perfecta. Aunque es casi imposible que se produzca en la realidad, la
competencia perfecta, como concepto, proporciona el marco adecuado para
analizar la funcionalidad de los mercados reales. La competencia perfecta se
produce cuando concurren las siguientes circunstancias: 1. el mercado está
integrado por muchos vendedores y muchos compradores; 2. el tamaño medio de las
empresas es pequeño; 3. existe información perfecta, tanto para los compradores
como para los vendedores, sobre las condiciones imperantes en el mercado. El
sentido de imponer la condición de que existan muchos compradores y muchos
vendedores radica en que así nadie tiene el suficiente poder para condicionar
el comportamiento de los demás agentes que operan en el mercado. En otras
palabras, ninguna persona y tampoco ningún empresario tiene el poder para
establecer las condiciones de intercambio de los bienes y servicios (en
contraste con la situación de monopolio u oligopolio). Cuando esto ocurre, los mercados son totalmente
impersonales. Bajo las condiciones de competencia perfecta, dicen los
economistas, los bienes y servicios se producirán con la máxima eficiencia, es
decir, con el menor coste y precio posible, y los consumidores podrán tener la
cantidad máxima de bienes y servicios que deseen.
Competencia aceptable
La inexistencia
en el mundo real de la competencia perfecta llevó a que se buscara una
alternativa más realista para evaluar la operatividad de los mercados. En el
mundo real, el número de empresas que operan en un mercado suele ser limitado, lo que les
da poder para influir en las condiciones de compraventa. Además, la información
perfecta tampoco existe. Pero, si la situación no es tan grave como para
requerir la intervención del Estado, se considera que el nivel de competencia
es aceptable: ésta se produce cuando los resultados son muy parecidos a los que
se obtendrían en un mercado que se rigiera por las condiciones de competencia
perfecta ideales. La principal crítica que se hace a este concepto es su
vaguedad: no existen criterios precisos para determinar si la competencia es
aceptable o no.
Contribución, clase de tributo
cuya base para gravarlo es la obtención por el sujeto pasivo (ciudadano
receptor) de un beneficio o de un aumento de valor de sus bienes como
consecuencia de la realización de obras públicas o del establecimiento o
ampliación de servicios públicos. La actividad administrativa se dirige a
satisfacer necesidades públicas de la comunidad, considerada como un todo, pero
a veces, de un modo indirecto y por un efecto reflejo, beneficia sin
proponérselo a determinados individuos y entonces puede exigírseles su
financiación, total o parcial, por medio de contribuciones especiales.
Las contribuciones pueden establecerse en el ámbito estatal, regional o
local, pero es en este último donde alcanzan su mejor expresión y significado,
porque es más fácil señalar una cuota global para poder repartir entre la
población de un determinado sector municipal que en áreas superiores, ya que es
en las obras y servicios municipales donde se afecta más de cerca a los
ciudadanos y donde se revela el beneficio o interés más especial, con el objeto
de convertirlo en punto de referencia para la tributación y el pago de las
cuotas de las cargas del Estado.
Coste de la vida, cantidad de dinero preciso para adquirir
los bienes y servicios necesarios para mantener un determinado nivel
de vida. Desde la I Guerra Mundial, cuando se pensaba que el
conocimiento de las variaciones de precios era útil para poder mantener un
nivel de actividad económica estable, las estadísticas sobre el coste de la
vida se han convertido en importantes termómetros de los índices de actividad
económica nacional.
Hay varias medidas estadísticas de la variación en el nivel de precios. En
muchos países se utiliza fundamentalmente el Índice de Precios al Consumo
(IPC). El IPC establece una media ponderada de los precios de una muestra de
bienes y servicios, donde las ponderaciones reflejan la importancia relativa de
cada bien para un consumidor medio. Así, la alimentación recibirá una
estimación mayor que los artículos de belleza. Los países no se ponen de
acuerdo sobre si los pagos de intereses por una hipoteca
(que suelen tener una gran importancia) deben incluirse en los índices sobre el
coste de la vida.
Consumo, en
economía, el uso de los bienes creados mediante la producción. Los
economistas suelen considerar que el consumo es el final del proceso
productivo, el objetivo por el que se lleva a cabo toda producción. En sentido
amplio, el término incluye tanto el consumo de bienes de capital —o el uso de
bienes como máquinas y herramientas para las fábricas que producen otros
bienes— y el consumo no productivo —o utilización de bienes con propósitos no
productivos—. Los economistas prefieren, en general, restringir el término a su
acepción de consumo no productivo.
El consumo no
productivo es el resultado de la decisión de un individuo o de una familia de
adquirir determinados bienes y servicios. Análogamente, puede ser el resultado
de la decisión de una ciudad o de un país o del deseo de establecer
determinadas instalaciones públicas, como carreteras o colegios. Así, el
consumo no productivo incluye tanto el consumo privado como el consumo público,
o consumo social. En una economía capitalista se subraya la importancia del
consumo privado; en cambio, en las economías socialistas se resalta la
importancia del consumo social.
Se puede seguir
clasificando distintos tipos de consumo atendiendo a la clase de bienes que se
gastan. Estas clases incluyen los bienes duraderos, como los coches o los
muebles, que tienen una vida media de más de tres años; el consumo de bienes no
duraderos o perecederos, como los alimentos, el petróleo, muchas prendas de
vestir, que se desgastan o usan con relativa rapidez, y por último los
servicios, como puede ser un corte de pelo o los cuidados médicos.
El estudio del
consumo, especialmente el de los individuos, ha adquirido mayor importancia a
lo largo del siglo XX. En una economía capitalista el nivel y las tasas de
gasto en consumo afectan de forma importante a la inversión productiva, que a
su vez afecta al nivel de empleo y al grado de prosperidad general. Además, las
pautas de compra de los consumidores determinan las clases y cantidades de
bienes que se producen.
Puesto que si se
produce en abundancia es para que se consuma, y ya que no puede haber consumo
sin producción, los importantes procesos de producción y consumo están íntimamente
correlacionados. Cuando la producción es insuficiente, el consumo está
limitado, y por tanto se crean problemas porque hay necesidades humanas que no
están cubiertas. Una subproducción puede provocar subconsumo debido a la
carencia de bienes de consumo, mientras que la sobreproducción puede provocar
una crisis económica si se reduce el poder adquisitivo de la gente, y por tanto
también puede llevar a una situación de subconsumo.
Control de calidad, proceso seguido por una empresa de negocios para
asegurarse de que sus productos o servicios cumplen con los requisitos mínimos
de calidad, establecidos por la propia empresa. Con la política de Gestión (o
administración) de Calidad Óptima (GCO) toda la organización y actividad de la
empresa está sometida a un estricto control de calidad, ya sea de los procesos
productivos como de los productos finales. En el caso de producción de bienes,
la GCO implica que tanto el diseño, como la producción y
la venta, la calidad de los materiales utilizados y los procesos seguidos se
ajustan a unos patrones de calidad establecidos con antelación. Algunas veces
este patrón viene definido por la ley; por ejemplo, la legislación relativa a
la seguridad y materiales empleados en la fabricación de juguetes, o la legislación
que regula las emisiones contaminantes de los coches. La exigencia de una mayor
o menor calidad depende de muchos factores. Cuanto mayor es la vida del
producto, menores serán las ventas, porque los consumidores no tendrán que
volver a comprarlo, por lo que la calidad suele ser menor.
La importancia otorgada durante los últimos años al control de calidad es
una respuesta a la competencia japonesa basada en la calidad. Sin embargo, fue
un asesor económico estadounidense, W. Edwards Deming, el que señaló que
"el consumidor es la parte más importante de la línea productiva", y
el que enseñó a los japoneses los distintos métodos de control de calidad. Otro
estadounidense, Joseph Juran, también desempeñó un papel crucial a la hora de
promocionar la idea de vigilar la calidad y crear métodos de control. Entre los
pasos que estableció para controlar la calidad destacan: la importancia de
fomentar la idea de la necesidad de un control férreo de la calidad; la
búsqueda de métodos de mejora; el establecimiento de objetivos de calidad y la
aplicación de todo tipo de medidas y cambios para poder alcanzar estas metas;
la necesidad de comprometer a los trabajadores en la obtención de una mayor
calidad mediante programas de formación profesional, comunicación y aprendizaje,
así como la revisión de los sistemas y procesos productivos para poder mantener
el nivel de calidad alcanzado.
El entusiasmo creado en torno a la idea de una GCO durante la década de
1980 ha tenido como primer efecto el que las empresas tengan entre uno de sus
objetivos prioritarios el control de calidad, y en segundo lugar ha conseguido
eliminar el liderazgo en calidad de las empresas japonesas. En efecto, un
reciente estudio realizado por las universidades de Boston y Waseda, en Tokio,
y del Instituto Europeo de Administración de Empresas, demuestra que algunas
compañías estadounidenses superan en calidad a empresas japonesas. Es posible
que los esfuerzos para aumentar la calidad sean incompatibles con otros
objetivos de las empresas, a medida que éstas contrastan el objetivo de máxima
calidad con otras metas, como por ejemplo, la necesidad de reducir costes.
Cooperativas,
organizaciones de cooperación voluntaria diseñadas como modelo alternativo a la
competencia
capitalista.
El término cooperativa abarca una gran variedad de
movimientos asociativos de cooperación. Por ejemplo, las cooperativas de
consumidores están integradas sólo por consumidores que desean adquirir bienes
en mancomunidad para reducir sus gastos; las cooperativas de productores son asociaciones
de trabajadores que poseen y gestionan sus propias empresas; las cooperativas
de marketing son muy corrientes en la agricultura y están formadas
por grupos de trabajadores de este sector; las cooperativas de crédito son
asociaciones de individuos particulares que ponen en común sus ahorros.
En casi todos los
países se han promulgado leyes específicas para regular este tipo de
asociaciones. A escala internacional, la Alianza Cooperativa Internacional
(ACI) —organización que integra a casi todas las cooperativas existentes en el
mundo— consideró necesario uniformar los principios rectores de estas
asociaciones y, tras su vigésimo tercer congreso en Viena en 1966, estableció
los principios que debían regular la actividad de las cooperativas: la pertenencia
a una cooperativa debe ser voluntaria y no existir discriminación por razón de
sexo, raza, clase social, afiliación política o creencias religiosas,
permitiendo la libre pertenencia de cualquier persona que pueda ser útil a la
cooperativa y esté dispuesta a aceptar sus responsabilidades dentro de la misma
(principio de asociación libre).
Las sociedades
cooperativas son organizaciones democráticas. La administración y gestión deben
llevarse a cabo de la forma que acuerden los socios. Todos los miembros deben
tener los mismos derechos y el mismo poder dentro de la cooperativa y
participar en la toma de decisiones (principio de participación democrática: un
miembro, un voto).
Las aportaciones
de capital, en caso de estar remuneradas, deben recibir un tipo de
interés
reducido (principio de remuneración mínima del capital).
Los beneficios
económicos que obtenga la cooperativa pertenecen a los cooperativistas y deben
distribuirse evitando que unos socios se beneficien a costa de otros (principio
de distribución equitativa de los ingresos). Esta distribución se hará de
acuerdo con la decisión de los cooperativistas pero respetando los siguientes
criterios: en primer lugar, destinando una parte al desarrollo de la
cooperativa; en segundo lugar, reservando otra parte para previsión de gastos
extraordinarios y en tercer lugar, distribuyendo los beneficios entre los
cooperativistas en proporción a sus aportaciones a la sociedad.
Todas las sociedades
cooperativas deben destinar fondos a la formación profesional de sus miembros y
empleados, así como a la del público en general para respetar los principios de
cooperación económica y democrática (principio de educación cooperativa).
Todas las organizaciones
cooperativas, con el fin de ser útiles a la comunidad en la que operan y a sus
socios, deben cooperar de forma activa con otras cooperativas a escala local,
nacional e internacional (principio de cooperación entre cooperativas).
Las cooperativas
de productores son las que más dificultades tienen para respetar estos
principios. Por tradición, las cooperativas de productores o trabajadores eran
asociaciones que aportaban el capital inicial para poner en funcionamiento la
cooperativa. Así pues, esta aportación de capital (que a menudo era una mera
aportación nominal, es decir, que no se realizaba el desembolso) permite a un
miembro participar en la gestión y administración de la sociedad. En estas
cooperativas es frecuente que unos miembros aporten sólo capital —socios
capitalistas— y otros aporten trabajo, por lo que se plantea el dilema de si
los primeros deben tener derecho al voto o no. Una visión alternativa defiende
que sólo los socios trabajadores son miembros con pleno derecho. Según esta interpretación,
la cooperativa pide prestado el capital necesario para desarrollar la
actividad, pero sólo puede pagar unos tipos de interés reducidos; el riesgo y
el control de la cooperativa lo asumirían los socios trabajadores. Puesto que,
en la práctica, el desembolso de capital no se llega a realizar porque las
aportaciones en dinero son nominales, la distinción entre socio capitalista y
socio trabajador se establece sólo en la teoría. Sin embargo puede tener
importantes repercusiones, pues si se permite que haya socios capitalistas que
no aporten trabajo, las cooperativas de trabajadores pueden tener socios
externos con derecho de voto. Los defensores de los movimientos cooperativos
están en contra de este tipo de socios, considerando que la situación ideal es
aquella en que el control (el derecho al voto) sigue el principio de un
miembro, un voto, pero sólo para aquellos que aporten trabajo.
Otra
interpretación considera que las cooperativas deben diversificar sus fuentes de
recursos, tanto para aumentar la cantidad de capital social como para
diversificar los riesgos, por lo que los defensores de esta postura aceptan con
agrado la posibilidad de admitir socios capitalistas o externos. Por supuesto,
se puede admitir la posibilidad de que existan socios capitalistas sin derecho
a voto, pero el principio de remuneración mínima del capital hace que esta
posibilidad sea poco práctica al convertir la aportación de capital en una
inversión muy poco atractiva. En efecto, el inversor potencial no sólo debe
renunciar al control de la administración y gestión de la empresa y asumir
parte del riesgo sino que, además, sólo puede esperar una rentabilidad mínima
por su aportación. Otra postura defiende que todos aquellos que trabajen para
la cooperativa deben ser miembros. Según esta interpretación, unida a la
prohibición de que los socios capitalistas tengan derecho a voto, el trabajar
para la cooperativa se convierte en condición necesaria y suficiente para ser
miembro cooperativista. Es esta última interpretación la que prevalece en las
empresas gestionadas por trabajadores, en el contexto de las relaciones de
propiedad mancomunada. En este contexto, el capital lo aporta el Estado. Antes
de 1989 este sistema fue muy común en la antigua Yugoslavia.
El principio de
asociación libre tiene también una serie de consecuencias importantes. Si se
aplica de forma estricta, parece incompatible con la existencia de cooperativas
de productores. Es difícil concebir que este tipo de cooperativas ejerzan una
política abierta en su totalidad a la incorporación de nuevos socios, puesto
que existen multitud de situaciones en las que la cooperativa no esté
interesada en aceptar nuevos miembros. Por ejemplo, consideremos que un
productor de bienes de baja calidad quiere ingresar en la cooperativa ¿qué
interés tendría para ésta el aceptar su incorporación? Muchos cooperativistas
creen que el principio de asociación libre debería restringirse, aunque aceptan
evitar la discriminación por razón de sexo, raza, afiliación política o
creencias religiosas.
Coste-beneficios, Análisis de, cálculo de todos los costes y beneficios posibles asociados a
un proyecto. También se utiliza para analizar los efectos de seguir adelante
con un proyecto o, por el contrario, anularlo. El análisis coste-beneficios se
utiliza mucho para evaluar los proyectos que quiere realizar el sector público,
porque esta modalidad de análisis no sólo tiene en cuenta los costes y
beneficios económicos, sino también los costes y beneficios sociales que tendrá
el proyecto. Es un análisis muy complejo puesto que no existe ningún precio de mercado que
mida los efectos sociales. Por ejemplo: ¿cómo se pueden medir los costes
asociados con el aumento del riesgo de accidentes, el impacto ecológico, la
destrucción de un paraje natural o el aumento de la contaminación
cuando se construye una carretera? ¿Cómo se pueden medir los beneficios
económicos que se podrán obtener gracias a esta nueva vía de comunicación? El
análisis coste-beneficios se aplica para escoger entre distintas opciones, como
por ejemplo, entre crear una nueva autopista o un aeropuerto pero, como nunca
se podrán determinar con exactitud los costes sociales, la decisión final
dependerá tanto de consideraciones políticas como de los resultados del
análisis coste-beneficios.
Las empresas o compañías
también utilizan este tipo de análisis. Además de calcular la viabilidad de un
proyecto en función de las distintas situaciones posibles, se tienen en cuenta
otro tipo de factores, no siempre calculables, como las reacciones de los trabajadores
al tener que cambiar de lugar de trabajo. El análisis coste-beneficios también
tiene en cuenta los costes de oportunidad de distintas alternativas; por
ejemplo, se comparará la pérdida de ingresos asociada con no emprender una nueva actividad con la
pérdida de ingresos que se producirá si se emprende la misma, en lugar de
ingresar el dinero en una cuenta bancaria recibiendo a cambio un determinado
tipo de interés.
Costes (economía), cantidad
desembolsada para comprar o producir un bien. El cálculo del coste en una compra es inmediato:
consiste en el precio del bien más los costes financieros de la compra (cuando
se compra a plazos). El cálculo del coste de producción es algo más complejo,
porque hay que tener en cuenta el coste de las materias primas utilizadas, el
de la mano de obra empleada y la parte proporcional de los costes de la
inversión de capital necesaria para producir el bien o el servicio en
cuestión.
Los costes en los
que incurre una empresa se pueden clasificar en dos grandes categorías: por un
lado están los costes fijos, como el alquiler o la renta que se paga por
las instalaciones y que no dependen de la cantidad producida, y por otro, los
costes variables, que dependen de la cantidad de materias primas utilizadas y
de los salarios pagados que varían en función de lo producido.
Cuando las
empresas o compañías calculan sus costes, suelen evaluar también los costes
marginales y los costes medios. El marginal es el coste de producir una unidad
adicional. El coste medio es el gasto total dividido por el número de unidades
producidas. El precio tiene que ser igual al coste marginal de la última unidad
producida para que la empresa no incurra en pérdidas al producir esta última
unidad. Por ejemplo, si el coste de producir 1.000 unidades es de 10.000
dólares (de las cuales el 80% son costes fijos y el 20% restante costes
variables), el coste medio de la producción es de 10 dólares. Sin embargo, el
coste marginal de producir una unidad adicional será un poco inferior a dos
dólares (simplificando, sería el 20% de los costes variables de 10.000 dólares
dividido entre 1.001). El coste marginal siempre tiene que ser inferior al
coste medio, pero cuantas más unidades se produzcan, más se acercará al coste
medio.
El concepto de
costes se utiliza mucho en contabilidad. La contabilidad de costes es la que utilizan las
empresas en sus cálculos internos para controlar los procesos de producción y
la evolución de sus costes. El precio histórico es el precio que se pagó por un
bien cuando se compró; el precio actual es el precio de mercado de los bienes
en el momento presente; el precio de reposición es el precio que habrá que
pagar para reemplazar, por ejemplo, una máquina.
Cuota de mercado, proporción total de ventas de
un producto que consigue una empresa en un determinado mercado.
La cuota de mercado puede calcularse en función del valor de
las ventas o en función de la cantidad de unidades vendidas, aunque para ello
hay que definir con anterioridad el tipo de producto que se está evaluando. Por
ejemplo, para calcular la cuota de mercado de una determinada enciclopedia
multimedia en CD-ROM se puede analizar el mercado de enciclopedias multimedia
en CD-ROM, el de CD-ROMs multimedia o el del mercado de CD-ROMs en general. De
igual forma, cabe diferenciar entre distintos mercados; así, podemos distinguir
en función de una variable geográfica, diferenciando entre los compradores de
una ciudad, región, país, continente o hablar del mercado mundial. O se puede
diferenciar en función de otras variables: edad, clase social, etc. Sin
embargo, cuanto más específico sea el segmento del mercado al que nos
refiramos, más difícil será la obtención de datos; la proporción de ventas
totales en un área geográfica es una información que cualquier empresa puede
tener disponible en seguida; en cambio, las ventas a las personas mayores de 65
años no pueden calcularse si no se realiza una investigación.
La cuota de mercado sirve de indicador del trabajo que realiza el
departamento de marketing o mercadotecnia de una
empresa. Se dice que una compañía lidera un mercado cuando tiene la mayor cuota
de participación en el mismo, ya delimitado. La importancia que se conceda a
este indicador depende de la cultura empresarial de cada país. En el ámbito
europeo y latinoamericano se prefiere utilizar como medida del buen
funcionamiento de una empresa su respectiva tasa de beneficios o
ganancias. En Japón se suele analizar con más detenimiento la cuota de mercado.
Las empresas niponas dedican cuantiosas sumas de dinero para obtener mayores
cuotas de mercado, estableciendo objetivos a largo plazo en lugar de intentar
maximizar sus beneficios de forma inmediata.